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Un aeropuerto es el albergue más grande de Ecuador

El aeropuerto Reales Tamarindos de Portoviejo, provincia de Manabí —cerca de la costa—, y su pista de aterrizaje de más de 2.200 metros se han convertido en el albergue más grande montado en Ecuador después del terremoto del pasado 16 de abril. El antiguo aeródromo, que dejó de operar en 2010 y se convirtió en un espacio para la recreación, es el sitio más seguro de la ciudad.

Por esta razón mucha gente se refugió allí la misma noche del sismo. Ahora están allí 1.245 personas, según el último dato del Ministerio de Inclusión Social, que ha activado los albergues necesarios para los casi 30.000 afectados en las provincias aledañas.

La atención para los damnificados en Portoviejo ha ido de menos a más. Esta semana las familias están dejando las primeras tiendas de campaña que se improvisaron y que no resistieron la lluvia de los últimos días. Ahora están siendo reubicadas en las carpas donadas por la ONU, que son impermeables y que tienen capacidad para alojar a dos familias de tres o cuatro miembros.

El cambio ha mejorado el ánimo en la gente. “Estamos más seguros, porque antes la lluvia fuerte mojó todos los colchones, ahora no importa que llueva o lo que sea, ya no filtra el agua”, dice María Constante, que está en el campamento con su esposo. Las preocupaciones de la mayoría de damnificados son el trabajo y la situación de sus viviendas. Nadie les ha dicho cuánto tiempo se van a quedar allí y los rumores dicen que será de dos a ocho meses.

Mayra Vélez llegó al campamento con su esposo y su hija de siete años. Dice que, a pesar del buen trato en el albergue, solo esperan quedarse un tiempo reducido. “Me quedaré un mes y medio, hasta que se normalicen las cosas, para luego salir y buscar trabajo. Ojalá haya, porque la mayoría de los lugares de trabajo están en el centro y está todo derrumbado”, agrega.

En el amplio espacio del aeropuerto también están otras personas que han habilitado sus propias carpas, como los nueve miembros de la familia Macías Ramírez. Ellos prefieren estar por su cuenta porque preparan sus propios alimentos y cuidan entre todos de una joven embarazada y un niño asmático. Lo que sí hacen es aprovechar de la atención médica dentro del aeropuerto. El contingente sanitario más grande es el de la ciudad de Machala, a 300 kilómetros de Portoviejo, que envió una clínica móvil, una ambulancia y un grupo de médicos y enfermeras que cada día atienden a un promedio de 500 personas.

Hasta ahora se han atendido infecciones intestinales, lesiones dermatológicas, infecciones en las vías urinarias y síndromes febriles virales, pero ha llamado la atención los pacientes con diabetes e hipertensión. “Falta medicina para esos pacientes, hasta ahora hemos cubierto esto con donaciones”, explica Juan Carlos Torres, director médico de la misión.

La posibilidad de una epidemia no está lejana según este médico. “Las infecciones intestinales pueden generar una epidemia, es normal y va a pasar. Además, ahora comenzó a llover y van a venir los mosquitos con la lluvia y con ellos el dengue, la chikungunya y el zika”, finaliza.

Fuente: El País

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