Sábado , Agosto 19 2017
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Hostilidad y agresión en redes sociales: una tendencia que llegó para quedarse

A diferencia de los medios de masivos tradicionales (radio, prensa o TV), las redes sociales se basan en un modelo comunicativo horizontal y no jerárquico, en el que participan una gran cantidad de personas con muy pocas estructuras de control. La ausencia de estos “referentes de límite” (que hacen posible la interacción social y que podemos agrupar en diversos órdenes desde lo comunicativo hasta lo moral) ofrece a las personas una mayor libertad de la que tenemos en nuestra vida diaria o contextos personales.

Es decir, en las redes sociales somos más libres de actuar —decir, participar, comentar o interactuar— de lo que somos en nuestra cotidianeidad. Por ello, diariamente vemos que cada vez más personas comparten con gran intensidad en estos medios virtuales expresiones legítimas de su identidad y personalidad, tales como sus intereses, pasiones, alegrías, deseos, frustraciones, tristezas, e incluso su indignación, furia o enojo.

Hasta hace poco, lo anterior era visto como el gran aporte de las redes sociales a nuestra civilización (lo que le permitió transformar la comunicación, la educación, la política, la lengua y la cultura en nuestros días): reconocer, integrar y hacer partícipes a todas y todos en la narrativa social, “dar voz” a todas las personas conectadas. Pero en la actualidad, el escenario ha cambiado por completo.

Posiblemente, el mal clima de convivencia en las redes sociales que vivimos es parte de la siguiente etapa en la evolución de internet.

La llegada de la posverdad y los rumores, las noticias falsas (fake news), las agresiones entre usuarios bien sean deliberadas (practicadas por los llamados trolls) o espontáneas (las confrontaciones que se hacen cada vez más comunes en internet) los contenidos con expresiones de odio y violencia, y una aparente incivilización digital generalizada —comentarios violentos o amenazas francas entre usuarios— están complicando la interacción en línea. En un reporte elaborado este año por el Pew Research Center, diversos analistas advierten que este clima de hostilidad y agresión en las redes sociales no solo continuará: existe la posibilidad de que se torne aún peor durante los próximos meses.

Para especialistas como Mary Aiken (2016), lo anterior es resultado de la ausencia de referentes de límite en las redes sociales, los cuales están modificando el comportamiento y la conducta de los seres humanos, erosionando con ello nuestra empatía o sensibilidad por los demás. Analizando la génesis de este fenómeno, especialistas como Danah Boyd (quien durante más de una década se ha dedicado al estudio de temas digitales) advierten que la sociedad —el mundo real— detona estos y otros conflictos, mientras que las redes sociales se encargan de visibilizarlos, expandirlos y diversificarlos.

Parafraseando a Vint Cerf, Boyd sentencia que internet es un espejo que refleja y magnifica los asuntos de nuestra vida diaria (los buenos, los malos y los feos), mientras que la sociedad casi siempre busca cambiar o romper el espejo, no lo que se refleja.

Al momento, esta crisis parece no tener una salida fácil o un escenario en el que las cosas vuelvan a ser como antes, advierten diversos especialistas en el mencionado reporte del Pew Research Center (2017). Se vislumbran alternativas para contener el clima actual de hostilidad y agresión en internet (el cual si decidimos mantenerlo como está, se convertirá en una zona de guerra total) que terminarán por desdibujar la imagen que actualmente tenemos sobre las redes sociales: monitoreo de nuestras acciones, etiquetado de conductas, “zonas seguras” o límites a la expresión de nuestras ideas.

Este desafortunado escenario nos obliga a imaginar nuevas formas para encarar lo complejo de las circunstancias sin sacrificar las posibilidades de interacción, diálogo, participación y pluralidad.

Las titanes de internet de Silicon Valley, si bien han prendido sus alarmas y se han “lanzado al combate” de estas amenazas, poco parecen estar haciendo para contener esta realidad, en comparación con los esfuerzos que destinan para mejorar sus algoritmos y mecanismos con el objetivo de monitorear nuestras conductas virtuales. No menos de un conspirólogo ha subrayado que, de esta crisis, son ellos los más beneficiados.

Posiblemente, el mal clima de convivencia en las redes sociales que vivimos es parte de la siguiente etapa en la evolución de internet (por malo o bueno que esto sea). Este desafortunado escenario, sin embargo, nos obliga a imaginar nuevas formas para encarar lo complejo de las circunstancias sin sacrificar las posibilidades de interacción, diálogo, participación y pluralidad que nos han permitido estos entornos virtuales.

Impulsar el pensamiento crítico para el uso de las tecnologías e internet es quizás la alternativa más próxima y práctica (aunque no deberá ser la única), dado que puede impulsarse desde las escuelas y sistemas educativos de forma estructurada y masiva entre los niños y jóvenes, quienes ocupan las primeras filas entre los usuarios de las redes sociales. Y quienes, a la larga, son los más afectados por estas circunstancias.

El problema es real, de nosotros depende solucionarlo y no perder las conquistas que gracias a internet hemos alcanzado a la fecha.

Fuente: The Huffington Post

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