Miércoles , marzo 29 2017
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El desprecio por la nación

FRANCISCO MARTÍN MORENO NWCuentos políticos

Colaboración de Francisco Martín Moreno

 

 

 

Para qué sirven las leyes ineficientes de lavado de dinero, si ningún político se encuentra en prisión por ese concepto.

Si como afirma el CCE, el importe de la corrupción en México supera los 300 mil millones de pesos anuales, cabe entonces preguntarnos no sólo para qué sirven las leyes ineficientes de lavado de dinero, si ningún político se encuentra en prisión por ese concepto sino, ¿a qué le temen los funcionarios y los legisladores que practican el peculado de pequeña o gran escala? Evidentemente, no temen la “ira” de Dios ni a la aplicación de la ley, ¡qué va!, ni les preocupan las sanciones sociales, el rechazo de la comunidad… ¿Cuál…? ¿A qué le temen los políticos mexicanos…?

¿Qué sensación experimentará un político podrido que en insultante “gira de trabajo”, asiste con una sonrisa forzada a territorios miserables en México, cuando sabe que con el dinero robado podría cambiarle la vida a millones de personas…? Sólo espera abordar el avión del gobierno para lavarse las manos con un poderoso jabón germicida, alcohol y loción francesa…

Todos los políticos rateros se confiesan tontos por la vía de los hechos al tener que recurrir al hurto en lugar de ganarse la vida honorablemente, sí, pero además hay un fondo histórico y emocional en el que bien vale la pena abundar echando mano de los recursos de nuestro querido maestro, Octavio Paz, quien sostenía que el mexicano, “acribillado por su pasado, es incapaz de ser congruente con lo que hace y lo que siente… Es un ser solitario, no pertenece ni aquí ni allá… Es hermético, desconfiado de sus iguales y de sus compatriotas”.

Nosotros, los mexicanos, somos los descendientes de la Malinche, la india que se entregó voluntariamente a Hernán Cortés. “El pueblo mexicano no perdona su traición a la Malinche. Ella encarna lo abierto, lo chingado, frente a nuestros indios, estoicos, impasibles y cerrados”, describió el escritor. En consecuencia, nos odiamos por ser hijos de la chingada, de la madre mancillada, ultrajada. Para el mexicano, la vida es la posibilidad de chingar o de ser chingado, dentro de un contexto de feroz resentimiento, cuyo origen se pierde en los orígenes de la invasión española del siglo XVI, mejor conocida como La Conquista de México.

“Toda la angustiosa tensión que nos habita se expresa en una frase que nos viene a la boca cuando la cólera, la alegría o el entusiasmo nos llevan a exaltar nuestra condición de mexicanos: ¡Viva México, hijos de la chingada! Verdadero grito de guerra, cargado de una electricidad particular, esta frase es un reto y una afirmación, un disparo, dirigido contra un enemigo imaginario y una explosión en el aire…”, dice Paz.

Para tratar de entender la putrefacción de los políticos mexicanos, aceptemos que al robar y “chingarse” al prójimo están experimentando un gigantesco placer al saciar un resentimiento histórico que tienen hundido en la nuca como un clavo ardiendo. Si los mexicanos, los políticos en lo particular, también son unos “hijos de la chingada”, entonces deben“chingar” para no contradecir su naturaleza, y una manera feliz de hacerlo es “chingar” a una nación absolutamente despreciable e indigna del menor respeto. Por eso los políticos roban, es decir, “chingan”, y lo hacen desde el poder para lograr un mayor espectro de daño al “chingarse” a las masas. A robar: es el momento preciso de la venganza y de saciar el resentimiento… Todos a robar, unos a no pagar impuestos y otros a robárselos, y que ¡Viva México, hijos de la chingada!

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