sábado , octubre 21 2017
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Caita….. te vamos a extrañar retearto…..

Colaboración de Carlos Raul Navarro Benitez

Viene de los Román Díaz de Sonora. Estirpe de abolengo que gozaban una salud de hierro. Apellido que muto en Romandia. Su padre, Daniel, fue hombre de origen humilde. Próximo a ejercer cual campesino. Un cura le tutela y logró convertirlo en abogado. A pesar de ello se ufanaba de ser juarista  de cepa. Nunca extravío sus rasgos indígenas. Un busto como de obsidiana del indio de Guelatao espanto a sus nietos desde la biblioteca durante años.m

Trepó hasta ser y parecer alto funcionario de Gobernación.  Negó adhesión a la reelección de Obregón sellando un ostracismo que clausuro su destino. Gobernador interino de su tierra natal, Jalisco. Lo derrocó Zuno. Diputado de la misma Legislatura que su consuegro. Usaba pistola que nunca disparo. En ese tiempo, se desconocían.  Los hijos de ambos todavía no se enamoraban. Luego ellos, Carmen y Raúl, entre otras locuras, procrearían 13 hijos.

Su madre, la Nina, era desparpajada y parlanchina. Con cigarro perpetuo en la boca al que tampoco daba el golpe. Degustadora de Cinzano al medio día. Acompañó al licenciado Benitez en todas sus aventuras. Agarro a paraguazos a alguna de sus pretendientas. Soporto que perdiera todo el patrimonio acumulado cuando apoyo a Almazan para presidente. Compartía con sus hijas, entre ellas Carmela, un palco en la Sagrada Familia. Ahora, ella, se parece muchísimo a aquella matrona sonorense.  

Mi madre a los cuatro años sabía leer y escribir. Tocaba piano con bastante aseo. Escribía a máquina con fluidez. Se introducía en la biblioteca paterna y nadie le impedía leer lo que apetecía. Estudiante brillantísima de secundaria. Creo que de la ocho. Varios compañeros haraganes saltaron a la profesión gracias al apoyo que dio. A sus apuntes. Química, Bacterióloga y Parasitologa egresada del Politecnico.  Soñaba con ser mándame Kuri y termino pariendo vástagos por docena.

Durante la carrera un maestro le impuso una tarea. Armar una balanza para pesar sustancias químicas complejas. El artefacto nunca embonó y se desintegraba repetidamente. La calificación entonces fue reprobatoria. Ella reclamo. El conserje había chismeado que tal pedagogo aplicaba a sus discípulas esa trampa. Por ser mujeres que osaban un título. Era imposible integrar el artefacto. Reclamo, le aplicaron examen, obteniendo alta calificación. Nunca más la volvieron a entrampar.

Cada que Raúl le preñaba, que era muuuuy seguido, alguno de los hijos ya nacido, se interponía entre los cónyuges incluso desde la cama de hospital. Porque ese galeno donde ponía ojo colocaba esperma fértil.  La recuerdo eternamente embarazada rascando cal con las uñas de una pared roída con anterioridad. Nomas miraba mujeres panzonas, este que escribe, se enamoraba de ellas. Ambos, pero sobre todo ella, adoptó a docenas de amigos como sus hijos que fueron criados como tales por cuales, ahí en ese hogar siempre hospitalario.

Cómo podía, coordinaba la operación de ese hotel que daba servicio las 24 horas del día los 365 días del año. Se servían porciones de rancho en tandas hasta que las ollas desfallecían exhaustas de tanto rascarlas. Las bolsas de pan eran saqueadas antes de que fueran introducidas al hogar. Durante meses degustamos mole de olla que preparaba de manera un tanto heterodoxa. Las verduras se colocaban después de lavadas tal y como eran cosechadas. Es decir, con todo y cáscara. Luego se batía el perol aguado con inigualable sabor a calcetín.

Las muestras médicas que recolectaba el endocrinologo se guardaban en casa. A partir de ese arsenal curativo, Carmelita organizó un dispensario desde donde daba consulta a diestra y siniestra al vecindario. Al correrse la voz de la efectividad de curas y remedios se instalaban, martes y jueves, colas de damnificados que entorpecían el tránsito. El original galeno quizá celoso del éxito de su cónyuge le prohibió continuar con esa labor de sanción. Argumentó que podría contribuir a exterminar a alguno de los pacientes, impacientes,  dado que no había acreditado  los cursos correspondientes.

Con una mano limpiaba mocos. Con otra corregía tarea de trigonometría. Miraba por el ojo izquierdo que nadie se desmadrara en la bicicleta. Con el otro que tampoco se tragaran los botones del costurero. Usaba un pie para que una de sus muchachas surciera calcetines. Con la restante extremidad tocaba tambor que acompañaba lección de flauta transversa. A veces, prestaba la cabeza para resolver problemas de ubicación de países en mapamundi que previamente había girado con la cadera.

Cuando reprobábamos, que era muy seguido, aceptaba ocultar calificaciones para que el tirano no se pusiera loco. Sabía que falsificábamos su firma en documentos variados. Los castigos consistían en otorgar un chanclazo que jamás propinaba. Conocía que robábamos  el coche paterno y confirmaba que la gasolina se volatilizaba por extracciones hormiga en el consultorio.  Tomaba del gasto corriente, común, para que degustaramos viandas infantiles y adquiriéramos pantalones de campana juveniles.

Durante la celebración de sus noventa años se ofició  una misa solemne en la catedral del honorífico pueblo de Tecozautla, Hidalgo. Al concluir, la banda municipal interpretó repertorio de marchas selectas bastante desafinadas. Entre tanto, bardos contratados para tan solemne ocasión emitieron elegías y responsos. Los cuetes atronaban mientras en el firmamento. Fue subida en un descapotable y paseada acompañada de porras y vítores por las calles del benemerito poblado.

Las tandas de cuentes se multiplicaban mientras un mariachi variopinto entonaba melodías vernáculas de su época. Cuando arribó a su casa de campo pardeando la tarde un castillo multicolor deseándole salud y felicidad le dio bienvenida.  En la alberca velas multicolores se desplazaban flotando impulsadas por el viento. Una sucesión de globos de cantoya con los nombres de cada hijo (ja) surcaron el cielo y estuvieron a punto de incendiar las huertas de los vecinos. Al otro día rumores aviesos esparcían que la madre de un capo ilustre había sido homenajeada con pompa y circunstancia.

Hace un par de meses se rompió la cadera en un accidente. La otra que se había quebrado antes, la remontó con entereza y mucho garbo. Está  postrada en cama respirando ayudada de oxígeno. Perdió privacia, independencia y capacidad de movimiento. Decidió dejar de comer. Se niega a viajar a cualquier hospital.  Estamos haciendo un último esfuerzo para que se quede. Vamos a respetar de todas maneras su última voluntad.

Caita tal y como te nombraba tu papá de cariño, Carmelita como eres para nosotros, te vamos a extrañar retearto…..

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