Desde el punto de vista de

Reforma electoral: en punto muerto: José Cárdenas

Publicado por
José Cárdenas

José Cárdenas

 

 

La gran reforma electoral del sexenio se desmorona en manos de quienes juraron defenderla. Morena y sus aliados, PT y Partido Verde, convirtieron un proyecto de Estado en una batalla de sobrevivencia partidista. Lo que debía ser símbolo de cohesión interna hoy es muestra de fractura: la mayoría legislativa no logra ponerse de acuerdo ni en los fundamentos mínimos del rediseño electoral. El discurso de transformación se estrella contra la realidad de los intereses encontrados y termina exhibiendo la fragilidad interna del bloque oficialista.

 

El choque no es ideológico, sino de supervivencia. Morena busca consolidar su dominio institucional con una reforma que favorezca la centralización del sistema; el PT y el Verde, en cambio, saben que la reducción de plurinominales o los nuevos criterios de representación podrían condenarlos a la irrelevancia y hasta borrarlos del mapa.

 

Por eso la iniciativa se atora y revienta, porque nadie está dispuesto a sacrificar su cuota de poder. Se prometía una reforma para “abaratar la democracia” y “fortalecer al INE”, pero el fondo del debate terminó siendo quién controla los árbitros y cuántos escaños garantiza cada coalición. En el reparto político, la visión institucional desapareció.

 

Para la presidenta, el golpe no es menor. La reforma se pensó como legado, no como campo de batalla, y hoy se convierte en símbolo de desgaste. La mayoría oficialista, que parecía monolítica, exhibe fisuras profundas. Si la presidenta de la República no puede ordenar a sus propios aliados en un tema que considera esencial, ¿qué mensaje envía en la recta final del sexenio?

 

Lo que se fractura no es sólo una alianza parlamentaria, sino la narrativa del poder absoluto que el lopezobradorismo quiso mantener hasta el último minuto. El costo institucional es más alto de lo que parece. México necesita discutir sus reglas electorales con visión de Estado, no entre cúpulas que piensan únicamente en cómo sobrevivir después de 2027. Esta parálisis deja claro que el poder mayoritario también tiene límites: puede imponer, y tal vez vencer, pero no siempre puede convencer.

 

La reforma electoral, como está, ya no cambia al sistema; sólo desnuda al poder que quiso reescribirlo.

Compartir:
Compartir
Publicado por
José Cárdenas