En un giro para desactivar la crisis diplomática, el presidente colombiano Gustavo Petro acudió este martes a la Casa Blanca para entrevistarse cara a cara con Donald Trump, luego de meses de choques por migración y política antidrogas, con el propósito de reconstruir la relación estratégica entre Colombia y Estados Unidos. Bogotá busca recuperar la certificación antinarcóticos perdida en 2025 para garantizar la continuidad del respaldo militar y financiero estadounidense en las zonas cocaleras, mientras Washington exige compromisos claros para la recepción ordenada de migrantes deportados y la operación regular de vuelos en aeronaves colombianas; como gesto previo al encuentro, Petro autorizó la extradición del capo conocido como Pipe Tuluá, lo que anticipa una nueva etapa de coordinación en seguridad y justicia.
El diálogo ocurre tras un periodo marcado por sanciones, descalificaciones públicas y la descertificación que puso en riesgo cientos de millones de dólares en asistencia bilateral, además de tensiones por operativos en el Caribe. Pese a ello, ambos mandatarios acordaron reunirse tras una llamada del 7 de enero y mantuvieron la cita con perfil bajo, acompañados por sus equipos de defensa, inteligencia y cancillería para abordar narcotráfico, deportaciones y estabilidad regional; al concluir su agenda en Washington, Petro prevé encuentros con congresistas, su participación en la OEA y una conferencia en Georgetown.
