Carlos Urdiales
15 minutos duró la conversación telefónica ayer entre la Presidenta Claudia Sheinbaum, acompañada en su despacho por los secretarios de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, el subsecretario para América del Norte, Roberto Velasco y el titular de Seguridad Federal, Omar García Harfuch con Donald Trump.
Leer más: Atención: Carlos Urdiales
Si usted lee unas cuatro veces esta columna -no lo haga-, habrá invertido más o menos, el mismo tiempo que ocuparon los dos Jefes de Estado para hablar sobre los apetitos injerencistas de Estados Unidos en aras de combatir el tráfico de drogas orgánicas o sintéticas, que allá se comercializan sin rubor.
La presidenta de México volvió sobre nuestros fundamentales; cooperación sí, subordinación, no y responsabilidad compartida. Fraseo desgastado, pero no por eso menos válido.
Narrativa compleja cuando al tiempo negociamos con Washington el futuro de buena parte de la economía comercial futura. Y con ello nuestro desarrollo y crecimiento.
Y como para el señor Trump su pecho no es bodega, dice que va a intervenir en México porque acá, a pesar de lo fantástica que le resulta nuestra presidenta, gobiernan cárteles de narcos.
Ayer, cuenta Palacio Nacional, el de la Casa Blanca volvió, no sabemos cuántas veces lo haya hecho, a ofrecer soldados machucones, drones no tripulados y sus capacidades de película para desmontar laboratorios, bodegas y cuarteles de capos.
Y la presidenta volvió, no sabemos cuántas veces lo ha hecho y tendrá que volver a rechazar, a decirle que gracias, pero que no gracias.
La historia y algo de maniqueísmo azteca impiden imaginar nada semejante. Otra cosa será la capacitación, los intercambios, las ayudas estructuradas dentro de programas binacionales. Y otra muy improbable abrir las puertas para que sus Rambos le den rienda suelta a sus letales capacidades.
Más allá de la propuesta indecorosa y la digna respuesta, lo que vale la pena revisar con sentido crítico, y no solo patriotero, es ¿qué margen de maniobra se está construyendo acá, para tomar distancia de un mandatario voluble, pendenciero y soberbio?
¿Cuántas veces la Presidenta Sheinbaum deberá ser cortés y fría para rechazar insinuaciones militaristas?
Las presiones de los radicales, muchos de ellos orbitando en la 4T, van a incrementarse y no será solo por su vocación de soldados cual hijos de la Patria, sino para extremar un discurso con fines de puro rédito político.
¿Cuántas veces el gobierno de México deberá mostrar estadísticas y programas de acción que le demuestren al pendenciero que acá, se hace -poco y quizá mal- lo que allá no?
Colaboración mexicana y creciente demanda de resultados por parte del gobierno extranjero.
Los embates de Trump, a pesar de la constante histórica de su Nación para prevalecer en el mundo, no son los de siempre.
Hoy lo que vemos sí es una reconfiguración global de los ejes del poder. En ese reparto de tierras, recursos y rutas, México debe estar listo para escenarios no deseables, pero factibles.
Más que una invasión, una toma de distancia más contundente y sí, más costosa.
@CarlosUrdiales