Desde el punto de vista de

Los usos de todo el poder: María Amparo Casar

Publicado por
José Cárdenas

María Amparo Casar

 

La presidenta Sheinbaum y su partido tienen prácticamente el monopolio del poder. Hace décadas que ningún titular del ejecutivo había amasado tal cantidad de control sobre las instituciones del país. La pregunta es por qué se afanan tanto en conductas propias de una administración débil, como si estuviera acechada por una potente oposición.

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Después de la marcha del 15 de noviembre y en la concentración del Zócalo, la presidenta ha insistido en que ella y su movimiento son muy fuertes. “No vencerán al pueblo de México, ni a su presidenta”, afirmó. Nadie lo duda. Son poderosos y lo sabemos todos. ¿Para qué gastar saliva y recursos si, en efecto, tienen todo el poder?

Los analistas no gritan “leperadas”, como dice la presidenta. Los analistas no hacen “campañas sucias, ni alianzas con grupos de interés en México y en el extranjero”. Tampoco “inventan historias de ficción”. El verdadero enemigo es la realidad que retratan con evidencias: los muertos y desaparecidos, la violencia e inseguridad, el estancamiento económico y la falta de inversión, la ineficiencia de la administración pública y la discrecionalidad, la corrupción y la impunidad.

A ese enemigo difícilmente se le combate con discursos o con concentraciones de militantes. Porque esas movilizaciones cuestan millones de pesos e implican que la administración pública se preocupe más por el mitín que por gobernar.

No ha lugar a polarizar de la manera en la que se ha hecho simplemente porque nadie les disputa el poder. Porque no estamos en año electoral. Porque la oposición en el Congreso no tiene poder de veto. Porque controlan la fiscalía y el aparato de justicia.

Si tanto poder se concentra en una sola persona, ¿por qué no usarlo para tener interlocución? El poder no se erosiona por escuchar otros puntos de vista, por el contrario, se engrandece al permitir contrastar visiones de la realidad. ¿Por qué no usar ese poder para unir en lugar de dividir, para acercar posturas en lugar de polarizar, para dialogar en lugar de descalificar? Al fin y al cabo, el poder para decidir está en sus manos.

Sus denominados enemigos tienen los mismos propósitos que la presidencia: acabar con el crimen organizado y la violencia, fortalecer la democracia, mejorar los servicios básicos, mayor inversión, ampliar el mercado interno. Lo que más se quisiera es que la corrupción y la impunidad de verdad fueran cosa del pasado.

Las mañaneras muestran ya un rendimiento decreciente. La mitad del tiempo se usa para vender logros que difícilmente tienen sustento. El guión de las mañaneras ha entrado en un círculo vicioso. La presidenta informa, los analistas hacen su fact checking, la presidenta los llama mentirosos, los descalifica y los desacredita. Así todos los días.

¿Por qué no usar las dos horas de la mañanera para dialogar con las madres de los desaparecidos; con los estudiosos de la violencia; con los juristas; con los ambientalistas; con los pequeños y medianos empresarios; con los expertos en educación; con los padres de familia? Además de con los suyos, la presidenta ha tenido interlocución sólo con los grandes empresarios y con el gobierno de Estados Unidos. Usar el poder para no escuchar no va a resolver los problemas del país.

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José Cárdenas