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Ciberdemocracias

guilleCaleidoscopio

Guillermina Gómora

 

 

 

El destinó nos alcanzó, lo que parecía irreal y que sólo se veía en películas u otras latitudes, llegó a nuestras casas, escuelas, calles y más allá del asombro que pudiera provocar, nos infunde terror.

 

La balacera en el interior del Colegio Americano del Noreste, en Monterrey, Nuevo León, colocó de nueva cuenta la polémica sobre los usos, beneficios y perjuicios del internet y en particular de las redes sociales.

Incluso reavivó el debate sobre la regulación de éstas, discusión que ha costado a más de uno airadas protestas y descalificaciones, por, dicen, atentar contra la libertad de expresión.

 

Feggy Ostrosky, investigadora de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, comentó sobre este caso: “En un mundo globalizado cada vez hay más influencias externas, y casos como el ocurrido en un colegio de Monterrey se dan en diferentes países; además, los adolescentes están expuestos a ver la violencia como entretenimiento. Los videojuegos desensibilizan y en ellos disparan a matar y así ganan puntos”.

 

Sí, la especialista tiene razón, pero no hay marcha atrás en el uso del internet.  La aparición de las redes sociales revolucionan y liberan. Democratizan. Han dejado de ser un espacio de ocio para convertirse en una herramienta ciudadana que transforma  las relaciones entre el Estado y la sociedad.

 

Numerosos casos confirman lo anterior, aunque algunos satanicen su presencia como el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, quien calificó a éstas como “una de las mayores amenazas para la sociedad”, luego de las movilizaciones registradas en su país y organizadas por los jóvenes vía  internet.

 

No hay marcha atrás, el uso táctico, estratégico y colectivo que la población le ha dado en Túnez, Egipto, Libia, Yemén, Nueva York, España, Brasil y Turquía, Estados Unidos y México confirman que la revolución tecnológica modificó los patrones sociales así como las formas de hacer y ejercer la política, pues ahora los ciudadanos organizan movimientos e inciden en los cambios sin necesidad de líderes o partidos visibles.

 

El tema no es menor, sobre todo si consideramos que los “vínculos sociales” establecidos por la tecnología se han convertido en una alternativa para que los ciudadanos de cualquier edad, nivel cultural y económico sumen fuerzas e ideales para el diseño de nuevas formas de organización y en ocasiones establezcan mejores políticas.

 

Lamentablemente, también son utilizadas para sembrar rumores, generar miedo, incitar a la violencia y anunciar tragedias como la de Nuevo León.

 

Las redes son ahora un espacio donde se puede exponer, exigir y exhibir a las autoridades o  personas que abusan del cargo, que violan la ley o cometen injusticias y atropellos, como la célebre fundadora del alias “Lady”: Andrea Benítez alias “Lady Profeco” y que le costó el cargo a su papá.

 

Ejemplos recientes en México sobran. Ahora los políticos y la policía saben que están en la mira ciudadana, pues cualquier persona con un teléfono celular o cámara puede grabarlos y denunciarlos.

 

El coordinador del PRD en el Senado de la República, Miguel Barbosa, reconoció que por sus características, alcances, penetración y uso, las redes sociales han adquirido una influencia en diferentes ámbitos de la vida pública, “estamos en una caja de cristal donde todo se ve y se escucha, donde todos nuestros actos pueden ser registrados y después difundidos”.

 

Sí, la tecnología abre la oportunidad para que los ciudadanos y, en especial los jóvenes, se identifiquen e involucren activamente en el diseño y ejecución de políticas públicas y en la supervisión de las mismas, a través de sus actores. De acuerdo con datos del INEGI, en México se tienen registrados cerca de 45.1 millones de internautas, de los cuales 40.2 millones se encuentran de manera activa en Facebook  (Facebook es el sitio más visitado de internet en el mundo seguido por Google y concentra el 60% de su universo en el grupo poblacional de 18 a 34 años de edad) y 6 millones en Twitter.

 

La ciberdemocracia es una realidad. Desde la rebelión de los Jazmines en Túnez,  hasta la primavera egipcia que derivó en un golpe de estado militar respaldado por la población civil, algo difícil de ver y creer. Atestiguamos nuevas formas de acción política que nacen en la red y cambian la lógica del poder; que propician la caída de regímenes autoritarios, donde todos son responsables y dan voz a quienes padecen la censura y son objeto de violaciones atroces a los derechos humanos.

 

Las redes sociales son, hoy  por hoy,  herramientas de libertad que ponen fin a la discreción informativa. Barack Obama, ex presidente de los Estados Unidos, cimentó sus dos campañas para llegar a la Casa Blanca, en las redes sociales y muchos políticos, empresarios y gente del espectáculo y las artes han seguido su ejemplo, convirtiendo a los medios de comunicación tradicionales: la radio, la televisión y los periódicos en caja de resonancia de que lo sucede en éstas. Internet ha hecho posible la socialización en gran escala de la información, se ha convertido en una herramienta de transformación del marco cultural, simbólico y de  identidad de nuestras sociedades.

 

Sin duda, las formas de organización nacidas en internet se multiplican y se afianzan en el tejido social, por lo que es urgente retomar la inquietud de regular el uso y operación de las redes sociales, sin caer en la tentación de la censura. Se trata pues, de mantener un equilibrio entre la responsabilidad del uso de éstas y la libertad en su utilización. Un gran reto para los involucrados: Estado y sociedad.

 

[email protected]

@guillegomora

 

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