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El regalo tóxico de Egipto al Mediterráneo

La ampliación del Canal de Suez amenaza con aumentar las especies invasoras que están arruinando el litoral desde Israel a España

El Canal de Suez se engalanó hace dos semanas para inaugurar su ampliación, un controvertido hito vendido por el régimen egipcio como «el regalo» del país árabe al mundo. Una dádiva que puede costarle caro a las magulladas aguas del Mediterráneo. Desde su estreno en 1869, la hendidura se ha convertido en el coladero de un ejército de especies invasoras que está alterando dramáticamente el ecosistema marino y trastocando la actividad de pescadores e industria turística.

De las 700 especies no autóctonas halladas en el Mediterráneo, más de la mitad ha viajado desde el mar Rojo a través de la vía marítima que cruza la tierra de los faraones. «Nos preocupa que la ampliación facilite todavía más la introducción de especies del mar Rojo y el océano Índico en el Mediterráneo. Hasta la fecha, 450 especies de algas, invertebrados y peces han llegado desde el Canal. De ellas, 89 han sido registradas en cinco o más países mediterráneos», relata a EL MUNDO Bella Galil, bióloga marina del Instituto Nacional de Oceanografía de Israel.

«Algunas son venenosas, tóxicas y ruinosas desde el punto de vista ecológico. Son una clara amenaza a la salud humana, el turismo, la pesca y las instalaciones del litoral», alerta la experta.

Esas especies han dejado un rastro de destrucción allí donde han anidado. Por ejemplo, las colonias de la tóxica medusa Rhopilema nomadica -natural del Indopacífico- inundan cada verano la costa levantina impidiendo la pesca, provocando el cierre temporal de playas y bloqueando conducciones. Los primeros ejemplares del Lagocephalus sceleratus –pez globo o fugu japonés llegado del mar Rojo- aparecieron en el Mediterráneo oriental en 2003 y, desde entonces, se han extendido con tal voracidad que han alcanzado el mar Negro o el litoral español. «Representa un grave riesgo para la salud. Sus órganos internos contienen una neurotoxina paralítica muy fuerte que causa vómitos, paro respiratorio, convulsiones, coma y a veces la muerte», detalla Galil.

«La ampliación del Canal conllevará, con toda seguridad, un incremento del numero de especies invasoras. El problema no está sólo en un aumento de flujo del agua, sino en el aumento del tráfico de embarcaciones», subraya.

Junto a las medusas y el fugu, una de las amenazas que atenaza a los científicos son los peces del género Siganus. «Por ahora sólo son comunes en las costas de Israel al sur de Turquía, además de en la griega, y se han citado en Italia y Túnez. Son especies herbívoras y están destruyendo los fondos de Turquía a Israel. Eliminan toda la cobertura algal de las zonas rocosas, con lo que destruyen la biodiversidad de una zona», explica Macpherson. Y advierte: «Si llegan a nuestras costas pueden convertirlas en un desierto como, de hecho, ya ocurre al sur de Turquía, que es donde hemos realizado los estudios».

Para mitigar las secuelas en la biodiversidad, Macpherson reconoce que existen varias soluciones ya probadas en el Canal de Panamá y cuya instalación está prevista en el canal de Nicaragua. «La que parece más viable sería crear una barrera salina mediante, por ejemplo, un lago obligando a las embarcaciones a vaciar antes el agua de lastre. Sé que se han discutido otras opciones, pero no ha habido una respuesta internacional como la que esperábamos. Hemos escrito hasta al Parlamento Europeo pero sin mucho éxito».

Fuente: El Debate

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