Domingo , Junio 25 2017
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Es el mismo de siempre

navejaColaboración de Juan María Naveja 

 

 

 

 

Dos acontecimientos reflejan que Andrés Manuel López Obrador no cambia: la descalificación del padre de uno de los jóvenes muertos en Ayotzinapa en su fallida gira por Nueva York y su desprecio al apoyo que le brindó el senador Miguel Barbosa; es el mismo de siempre.

La experiencia con Donald Trump nos obliga a manifestarnos a tiempo a quienes seguimos creyendo que López Obrador no está preparado para ser presidente de México.

En esto no se trata del menos peor, ni al que ya le toca, tampoco al menos malo. Se trata de elegir a la persona que necesita México para gobernar entre el 2018 y el 2024; alguien sin obsesiones ni necedades, que no se sienta un iluminado ni la única opción.

Con todos nuestros problemas, no somos un país en pedazos, sí hay mucho por corregir, hay tareas urgentes y seguramente el combate a la corrupción es una de las más urgentes, pero tanto como mejorar la calidad de la educación o transformar el campo, entre otras.

Le haría una pregunta: con todo lo que estamos viviendo de los Duarte, los Borge, los Moreira o los Padrón, ¿le parece bien que una persona, López Obrador en este caso, de antemano indulte a los corruptos sin el correspondiente proceso judicial?

Porque los problemas de México no los resuelve un solo hombre, ni el más puro y limpio, sino toda la sociedad, implica cambios de fondo, incluso de idiosincrasia; esas transformaciones que toman generaciones.

López Obrador no es un estadista, está lejos de personajes de la talla de Václav Havel o Nelson Mandela. Su populismo ni se acerca al de José Mújica, tampoco al de Lula, que ya vemos la corrupción que se registró en los gobiernos de Brasil, incluido el suyo…

El líder de Morena sigue siendo un político de pueblo, se quedó estancado en el echeverrismo, sus propuestas son un riesgo porque están sustentadas en supuestos, no resisten ni la prueba de la confrontación.

Y mire que no es una mala persona, pero no vamos a elegir al rector del seminario, políticamente va del más rancio conservadurismo al más riesgoso populismo, no hay manera de ubicarlo ni en la derecha ni en la izquierda.

La historia nos enseña que antes de convertirse en dictadores, Fidel Castro o Hugo Chávez se mostraban dispuestos a negociar con todos, terminaron condenando a sus pueblos al autoritarismo, la pobreza y el abandono.

A cada mexicano nos corresponde hacer la tarea, hay personas y grupos de poder que ya están poniendo un pie en la campaña de López Obrador, por si acaso. Los partidos mayoritarios están en plena indefinición. Los empresarios en sus cúpulas van de la intención de postular alguien de su gremio a las negociaciones con algunas figuras.

Hoy miles, tal vez millones, lamentan no haber votado en las elecciones del pasado 8 de noviembre que llevaron a Donald Trump a la Casa Blanca. A más de un año de la elección del próximo presidente de México, tendremos la oportunidad de no pasar la misma experiencia que hoy padecen millones de personas en Estados Unidos, entre ellas los paisanos que viven en la zozobra.

Yo no comparo a López Obrador con Trump, pero sí estoy convencido que el tabasqueño sería tanto o más perjudicial si llegase a Los Pinos.

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