El domingo se jugaba un partido de futbol por el pase a la siguiente ronda entre las selecciones de Futbol de México y Estados Unidos, no el título mundial a la mejor afición. En el primer caso la representación inglesa estará en cuartos de final y el segundo, hasta donde entiendo, no estaba en disputa.
Hay tres planos que valdría la pena analizar, los preparativos de los gobiernos federal y de los tres estados organizadores, el comportamiento de la afición y el resultado deportivo.
Los gobiernos fueron un desastre, en particular el de la Ciudad de México, aunque los de Jalisco y Nuevo León tuvieron sus atrasos, finalmente salieron; el capitalino arroja cifras rojas, cuatro muertos y obras mal hechas y/o sin terminar.
Tuvieron ocho años para hacer los preparativos, desarrollar un proyecto sólido, anunciaron con bombo y platillo un plan de seguridad llamado Kukulkan que fue incapaz de proteger la integridad de miles de personas y terminaron pidiendo a los fanáticos que se cuidaran porque ellos nomás no pudieron.
La afición, como de costumbre, hizo su parte, y lo hizo muy bien. Quienes pudieron, estuvieron en los estadios, a pesar del descomunal aumento de los boletos. Los más, se dieron cita en los centros comunitarios llamados Fan-Fest.
Los gobiernos tuvieron el acierto de llevar atracciones, que, en muchos de los casos atrajeron a quienes aprovecharon para ver espectáculos que de otra manera difícilmente podrían ver.
La emoción ciudadana fue un refresco contra la polarización, ponerse la camiseta verde fue un símbolo que unificó. El himno nacional se entonó con ganas y orgullo (todavía no aprenden que se interpreta en firmes, pero qué le hacemos ya no hay clases de Civismo en este país).
En lo deportivo, han de disculpar pero es una derrota, no sé si un fracaso, eso se evalúa de manera diferente y con otros parámetros, esta vez ni con facilidades se llegó al quinto partido, hay que recordar que aumentó el número de equipos y etapas.
Hace 40 años que no se pasa a los cuartos de final, solo ha ocurrido en México 70 y 86.
Un día antes de la inauguración el seleccionado no daba certezas, las esperanzas se centraban en ganarle a Sudáfrica y conseguir uno o dos empates con Corea del Sur y Chequia. No hubo un gran despliegue de buen futbol, pero se ganaron los tres partidos sin recibir gol y eso cuenta, reto aprobado.
Contra Ecuador se jugaron los mejores 25 minutos que se le hayan visto a un equipo mexicano en los últimos años.
Contra Inglaterra se sabía que tendrían enfrente a un poderoso rival, pero había condiciones para sacar el resultado, no fue así, se perdió con un equipo que por más de 30 minutos jugó con uno menos, que sufrió los efectos de la altura de la Ciudad de México y el desgaste físico para aguantar hasta el minuto 113.
Los jugadores desplegaron un esfuerzo constante, pero no les dio para alcanzar en el marcador.
Entiendo que a muchos les molestará, pero es lo que es. Inglaterra tuvo estratega, el aleman Thomas Tuchel supo jugar sus cartas desde antes, pero sobre todo durante el partido, con el 3 a 1 administró al grupo no dudó en sacar del campo a su mejor jugador y capitán cundo Kane estaba exhausto.
Aguirre se equivocó. Inició con Montes que estaba disminuido, a los pocos minutos ya calentaba Edson, o sea malgastastó un cambio. Giménez venía de una larga recuperación, sacó a Quiñones, que cansado y todo era el goleador y termina metiendo al “Memote” a enfrentar a una sólida defensa y un portero imbatible.
Javier Aguirre es, indudablemente un ser humano extraordinario, se sale del común de los futbolistas mexicanos, ha sido un exitoso entrenador, pero su presencia en 5 mundiales, como jugador, auxiliar y técnico, no le dio para llevar a la Selección al famoso quinto partido.
Por cierto, los programas deportivos están llenos de jugadores que han estado en Mundiales con resultados mediocres, ninguno, ni Hugo Sánchez ni Rafa Márquez, los más destacados, se cargaron al equipo para llevarlo más lejos.
Si hubiera título mundial a la mejor fanaticada México ya tendría asegurado el cetro, pero no, se trataba de ganar, no de una derrota gloriosa.