Pese a la campaña de bombardeos contra presuntas narcolanchas en el Caribe y el Pacífico, la DEA concluyó que el flujo de cocaína hacia Estados Unidos se mantiene estable, mientras los grupos criminales migran a rutas aéreas y ajustan sus tácticas para evadir la ofensiva.
Los ataques a más de medio centenar de embarcaciones rápidas emprendidos por Estados Unidos en aguas del Caribe y del Pacífico no han logrado encarecer ni volver más escasa la cocaína que llega a su territorio, según una evaluación interna de la Administración de Control de Drogas (DEA) citada por medios estadounidenses. La revisión oficial indica que, a pesar de los bombardeos y del elevado número de muertos, el mercado de esta droga se mantiene tan boyante como antes y sin afectaciones visibles en precio o disponibilidad.
De acuerdo con ese análisis, los ataques contra al menos 67 presuntas narcolanchas, lanzados desde finales de 2025 como parte de una campaña militar en el Caribe y el Pacífico oriental, no han modificado la pureza de la cocaína ni han reducido la cantidad que ingresa a Estados Unidos. Funcionarios involucrados en la operación reconocieron ante legisladores que el impacto sobre la oferta ha sido marginal, pese al despliegue de aeronaves y unidades navales del Comando Sur.
La DEA advierte que, lejos de disuadir a las organizaciones criminales, la estrategia ha empujado a los grupos de tráfico a reconfigurar sus rutas y métodos de transporte. En lugar de confiar en lanchas rápidas que se internan en aguas internacionales, los traficantes recurren cada vez más a embarcaciones de mayor tamaño, trayectos cercanos a las costas y esquemas que buscan reducir la exposición a ataques aéreos.
El informe señala además un aumento en el uso de aeronaves que despegan de pistas clandestinas en zonas fronterizas entre Colombia y Venezuela para trasladar cargamentos de cocaína hacia el este, utilizando territorios como Guyana y Surinam para tratar de eludir la vigilancia estadounidense. Investigaciones recientes sobre redes que aprovechan la aviación privada y vuelos en avionetas Cessna refuerzan la idea de que el negocio se ha desplazado en buena medida a la vía aérea, con rutas que terminan en Estados Unidos tras pasar por el Caribe y por México.
Expertos en seguridad y en políticas de drogas consultados por la prensa internacional consideran que los bombardeos a presuntas narcolanchas tienen alto costo humano y simbólico, pero escaso efecto en el núcleo del negocio. Organismos y especialistas han llegado a calificar estas operaciones como posibles ejecuciones extrajudiciales, al advertir que no se detiene el tráfico y, en cambio, se generan incentivos para que los cárteles diversifiquen rutas, medios de transporte y mercados.
Mientras Washington insiste en presentar la campaña como un esfuerzo central de su estrategia contra el narcotráfico transnacional, la evaluación de la DEA subraya que la respuesta de los grupos criminales ha sido rápida y flexible. Para los analistas, el mensaje de fondo es que la presión militar sobre las narcolanchas está lejos de traducirse en una reducción sostenida del flujo de cocaína, y que la ofensiva ha terminado empujando al narco a volar más alto y más lejos para mantener intactas sus ganancias.