José Cárdenas

La reforma a la reforma judicial revela un remiendo que corrige fallas de orígen que la primera ignoró. Abrir la elección de jueces sin filtros sólidos permitió que aparecieran perfiles bajo sospecha, operadores políticos y aspirantes con posibles nexos criminales. Ahora el oficialismo intenta corregir lo que presumió como una transformación terminada.

Habrá una Comisión de Verificación de Integridad de Candidaturas. No para vetar por sospecha, sino para investigar con método. Revisará vínculos criminales de aspirantes. Cerrará puerta que la reforma vigente dejó entreabierta. Simplificará la boleta. Impondrá paridad. La prisa del 2024 abrió grietas que ahora se reconocen. El oficialismo lo admite sin pronunciarlo: legisló de madrugada. El remiendo es confesión.

La simplificación del voto responde al desorden de las urnas. El aplazamiento concede tiempo para construir legitimidad. Ahí surgen las contradicciones. Se vendió la elección de jueces como acercamiento al pueblo. Se invocó legitimidad social. Ahora se acepta que sin filtros esa legitimidad es coartada.

¿Quién integrará la Comisión? ¿Con qué insumos? ¿Quién audita al auditor? La reforma corrige lo que sus autores negaron durante meses en que la justicia quedó atrapada entre partidos, campañas y operadores políticos.

El poder reconoce el error. La Comisión nace para vigilar la infiltración que ayer se juró imposible. La justicia no se construye con ocurrencias. Tampoco con parches. Ayer se celebró como hazaña. Hoy se remienda. ¿Mañana habrá que remendar el remiendo?

Compartir:

También te puede gustar

Dejar un comentario