¡Ay Jalisco, no te rajes!
La preparación de México para la Copa Mundial de la FIFA, en Guadalajara, exhibe que mientras el Estado mexicano despliega miles de elementos de seguridad y una inversión de 55 millones de dólares (1 mil 100 millones de pesos) para blindar el espectáculo, la crisis de desapariciones sigue operando en una dimensión paralela.
Un reportaje publicado por el diario The New York Times denuncia más de 16 mil personas desaparecidas en Jalisco. Mientras abundarán los sobrevuelos militares sobre el Estadio Akron para proteger partidos de fútbol, a pocos kilómetros se seguirán encontrando restos humanos en fosas clandestinas.
El endurecimiento de la seguridad llega además en un contexto de violencia recrudecida tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, un hecho que, lejos de pacificar, ha detonado reacomodos criminales.
La narrativa oficial privilegia la contención mediática sobre la justicia efectiva. La localización de restos a escasos kilómetros del aeropuerto internacional —punto de entrada de selecciones y turistas— es la metáfora de un país que intenta encapsular la violencia sin resolverla.
Lo que está en juego no es sólo la imagen internacional de México, sino la credibilidad del Estado. El Mundial exige orden, pero la realidad impone memoria sin perdón. Si la seguridad se concentra en blindar estadios mientras las familias siguen excavando la tierra con sus propias manos, el mensaje es devastador; hay un país que se protege para ser visto y otro que se abandona para esconderlo.