La Trouppe celebra 45 años con espectáculo navideño

por Héctor García
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“El 8 de diciembre quedó marcado como el aniversario oficial. Por ello, regresar al escenario en estas fechas tiene un peso simbólico que el equipo no deja pasar. Somos hijos de diciembre. En ese mes nacimos y en ese mes empezamos en el escenario. Para nosotros es tiempo de magia, de creación, de volver a empezar”, afirma la actriz que da vida a Noni Pelusas.

Con ese espíritu, La Trouppe conmemora 45 años de trayectoria con Feliz Navitrouppe, un espectáculo que mezcla clown, títeres y teatro negro para reinventar la Navidad desde una mirada lúdica, festiva y profundamente mexicana.

“El espectáculo parte de una premisa sencilla: Santa Claus pide a Los Truppos crear un villancico nuevo, lo que da pie a un viaje escénico donde árboles cantan, pingüinos bailan tap, duendes traviesos irrumpen sin aviso y los personajes, que acaban bailando salsa, atraviesan un universo de color construido con teatro negro”, cuenta Luna.

Lejos de replicar fórmulas tradicionales, la compañía ha construido una relación singular con la temporada decembrina: “Nunca nos hemos asumido como un colectivo interesado en repetir la Navidad clásica. Nuestro enfoque viene del juego, la sorpresa y el humor”.

“A la Navidad tradicional le inyectamos imaginación. No es pastorela, no es cuento clásico; es una Navidad truppetera, donde todo puede suceder y donde el niño entra a un mundo que no necesita explicaciones para ser creído”, dice.

Esa filosofía ha guiado durante más de cuatro décadas el trabajo del grupo, que insiste en no infantilizar ni subestimar a los niños.

“La mirada de las infancias es para nosotros la brújula que define el ritmo, los códigos y las decisiones artísticas. Nunca hemos tratado al niño como alguien al que hay que simplificarle las cosas. El niño es inteligente, sensible, profundo”, comparte Luna.

Y aunque reconoce que el ritmo visual de las nuevas generaciones ha modificado la manera de construir escena, asegura que la capacidad de asombro permanece intacta.

“Hoy necesitas capturarlos en el primer segundo. No puedes permitir que la energía baje. Un silencio de más y los pierdes. Por eso todo es ritmo, precisión y sorpresa”, afirma.

Uno de los sellos distintivos de La Trouppe es su capacidad para integrar nuevas herramientas escénicas sin abandonar la manufactura artesanal. Luces, telas fluorescentes, licras y pigmentos especiales transforman la estética, “pero el proceso sigue siendo manual y colectivo”.

“Hace 40 años casi no existía nada de lo que tenemos ahora. Hoy la paleta de posibilidades es inmensa en materiales, en luces, en conocimiento y eso permite que la magia sea más limpia y más potente”, apunta.

Esa lógica también se refleja en la dinámica interna del grupo: 19 personas en escena operan como un mecanismo preciso que sostiene la velocidad del montaje. “Nos movemos como un reloj. No hay margen para la duda: un niño puede perderse, pero nosotros no. Todo lo que ves en escena lo hacemos nosotros: títeres, vestuario, escenografía, utilería”, señala.

“Cada integrante tiene un oficio extra. Todos pintan, recortan, ensamblan, cosen. Somos una compañía de las de antes”, agrega.

Más allá de la celebración decembrina, Feliz Navitrouppe funciona como una declaración de principios y un recordatorio del origen del grupo: un teatro que privilegia la imaginación, respeta la inteligencia infantil y confía plenamente en la potencia del juego escénico.

“Siempre pensamos la Navidad desde lo nuestro: el color, la música, la alegría que no pide permiso. Para nosotros la Navidad no es solemne; es un espacio para jugar”, resume Luna.

“Mientras haya niños dispuestos a imaginar, el mundo y La Trouppe tiene futuro”, concluye la actriz, quien recuerda que Feliz Navitrouppe se presenta el 21 de diciembre, a las 13:00 horas, en el Lunario del Auditorio Nacional.

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