Deportes

Más allá del siete a cero

Publicado por
José Cárdenas

Juan María Naveja 

 

 

 

 

El futbol en muchos países, entre ellos México, es ingobernable, además de que bajo el argumento de la globalización se ha producido un severo golpe social en éste.

 

¿De qué tamaño es la evasión fiscal y el lavado de dinero en el futbol? En el mundo, de proporciones incalculables; en México, imposible de medir y ajeno a las acciones del Servicio de Administración Tributaria (SAT).

Sí, el futbol en México es un asunto estratégico, de relevancia social y económica, por más que haya quienes lo reduzcan a una manifestación de pamboleros. Si no se dieron cuenta, el tema central de las conversaciones en el país no era ni Oaxaca, ni el dólar y menos el Brexit; el tema fue, y sigue siendo, la derrota estrepitosa de la Selección de México ante la de Chile; hasta los poco interesados le entraron a la discusión sobre si el Osorio colombiano se equivocó y, por lo tanto, debería de renunciar.

Sólo para documentar: el jugador mejor pagado del mundo es el argentino Leo Messi, quien -se dice- gana unos 38 euros por minuto, 1.6 millones de euros al mes, y si el Barcelona lo llegase a vender la transferencia alcanzaría los 500 millones de dólares.

En México, el mejor pagado es el delantero francés de los Tigres, André-Pierre Gignac, con 4 millones de euros anuales.

Según Forbes, a febrero del año pasado, las 32 franquicias del futbol mexicano valían 1,811 millones de dólares, el más cotizado era el Guadalajara en 345.3 millones de dólares.

Habrá que decir que todos estos datos son estimados, porque en el balompié existe total hermetismo en materia de contratos o se proporcionan informaciones parciales. Las negociaciones anuales entre los equipos de las divisiones profesionales son numerosas y casi siempre opacas, mucho se paga en efectivo o en especie y lejos del fisco. A diferencia de países como España, que tiene al propio Lionel Messi bajo amenaza de cárcel.

Pero el futbol en muchos países, entre ellos México, es ingobernable, además de que bajo el argumento de la globalización se ha producido un severo golpe social en éste: los dirigentes acordaron dar vía abierta a los naturalizados que han venido a desplazar a miles de jóvenes mexicanos que ven truncadas sus esperanzas, porque es más negocio comprar, vender o intercambiar extranjeros, en la sombra, sin la vigilancia del fisco.

Esto no es extraño, la FIFA, el rector del futbol en el mundo, es un organismo supranacional con base en Suiza, no reconoce leyes locales como la Ley Federal del Trabajo y en sus competencias tiene exigencias tales como libre tránsito de divisas; además, en los mundiales se lleva el dinero sin pagar impuestos al organizador.

En el futbol hay empresas que han encontrado múltiples beneficios, comerciales y fiscales; ahí están las cementeras Cruz Azul y Cemex, Grupo Modelo, entre otras. Pero también gobiernos estatales y organismos paraestatales que están ahí por el puro gusto de los titulares; así tuvieron equipo el Seguro Social, universidades públicas y más…

En el mundo ha habido gobiernos que entienden que el deporte es un asunto de Estado y mantienen una férrea vigilancia; no es el caso de México, donde la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) da manga ancha y la de Relaciones Exteriores regulariza la naturalización de jugadores, a placer de los clubes y los omisos legisladores.

Bastaría con una ligera revisión de lo aquí expuesto para confirmar que detrás del siete a cero hay más que un resultado.

El futbol podría ser un generador de recursos, pero sobre todo de satisfacción y felicidad para millones que sufren las derrotas, sobre todo cuando les prometían la Copa América Centenario.

jnaveja@ehotmail.com

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José Cárdenas