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Tchau, querida

Publicado por
José Cárdenas

Brújula

Colaboración de Ana Paula Ordorica

 

 

 

“Tchau, querida”. Así se despidió en una llamada telefónica Lula da Silva de Dilma Rouseff. Llamada que fue grabada y divulgada por el juez Sérgio Moro, que es quien ha llevado la mano en buscar hacer pagar a todos quienes estén manchados por la rampante corrupción que sin duda aqueja a Brasil.

Y así, con el eslogan Tchau, querida quieren muchos en Brasil consumar la destitución de la presidenta Dilma Rouseff. La gran pregunta sobre este proceso no es si los señalados son o no unos corruptos – todo indica que en ese sentido no hay impolutos. La gran pregunta es si este intento por sacar a Rouseff del poder antes de que concluya su mandato constitucional representa o no un Golpe de Estado.

A diferencia de otros procesos en América Latina por abatir la corrupción, el caso brasileño parece más una maniobra del oportunismo político. No porque Dilma no pueda estar inmiscuida en casos de corrupción, sino porque aquellos que la acusan también están señalados por malos manejos y, casualmente, son quienes se encuentran en línea sucesoria en caso de que Rouseff sea sacada de la presidencia.

El primero de estos personajes es el presidente de la Cámara de Representantes, Eduardo Cunha, quien ha sido ferviente promotor del juicio en contra de Dilma y casualmente es parte principal en la línea de sucesión de la presidenta. Cunha tiene, por cierto, acusaciones de corrupción en su contra también.

El vicepresidente Michel Temer, miembro de otro partido, el PMDB que había sido aliado del PT hasta marzo, fue descubierto ya con discurso de aceptación del cargo de presidente en sustitución de Dilma aun antes de la votación del domingo. El PMDB y Temer son señalados por los mismos malos manejos financieros de abuso a los recursos de Petrobras.

En la misma situación se encuentra el líder de los senadores, Renen Calheiros, quien también es miembro del PMDB.

No parece haber en Brasil hoy políticos con las manos limpias; políticos capaz de poder lanzar la primer piedra en contra de la aun presidenta.

Así, lo que vemos en Brasil no es, ni de lejos, la justicia funcionando para hacer que la que era la locomotora de América Latina, regrese a ser esa economía boyante, ejemplo para la región. Lejos de ello, el juicio a Dilma metería a Brasil incluso más hondo en el agujero que su clase política ha estado cavando poco a poco, desde la primera elección de Dilma en el 2010.

¿Cómo llegó Brasil a esta situación? Muy fácil: se formó la tormenta perfecta ante un sistema político imperfecto. La tormenta perfecta porque se juntó la crisis económica global por la caída en los precios de las materias primas – de las cuales depende Brasil; la personalidad poco carismática de su presidenta –a diferencia de la de Lula – un sistema partidista que llevó al PT a buscar financiamiento a través de medios no ortodoxos y la obligación del partido en el poder para otorgar favores a la clase política a cambio de apoyos en el legislativo.

Brasil le podrá decir Tchau, querida a Dilma…pero ello no va a resolver, ni de lejos, los verdaderos problemas de los brasileños. Al contrario. Será un ejercicio de regresión de la democracia lamentable.

@AnaPOrdorica

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José Cárdenas

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