El Cristalazo

El derecho a la idiotez

Publicado por
Héctor García

Debería estar escrito en la Constitución o en la Declaración Universal de los Derechos Humanos: todos tenemos derecho a una idiotez (use cualquier sinónimo de su agrado), al menos una vez por día. No una cosita pequeña; no. Una soberana estupidez cataclísmica, antológica hasta para sacudir la marcha de los astros.

Pero quien abuse de esa dosis –una diaria–, debería ser castigado severamente.

Por eso una vez consagrado universalmente ese derecho, debidamente exportado a las legislaturas supremas de todos los países, especialmente los de América Latina porque en esos territorios es donde más se abusa de tal garantía: ser pendejo (digámoslo ya) al menos una vez al día y durante un buen lapso, aunque algunos lo hagan condición permanente y vitalicia.

Quien ha abusado de esa  circunstancia –por ejemplo– es el señor presidente del Ecuador, Daniel Noboa quien a pesare de haber toma do por la fuerza de las armas policiales la embajada de México en Quito, protegida extraterritorialmente por la Convención de Viena, siendo una sede diplomática reconocida y de un país con relaciones plenas, ahora quiere poner a México en el banquillo de los acusados y acude a la OEA, donde ya 27 países le han dado a México su respaldo ante la barbaridad del gobierno ecuatoriano en su persecución del bandido ex vicepresidente, Jorge Glas.

Todo comenzó con la cercanía del gobierno cuatroteísta con Rafael Correa un conocido filocastrista-chavista-evista (de Evo); madurista, etc,etc. México le había dado asilo al excanciller Ricardo Patiño y los diputados Soledad Buendía, Carlos Viteri y Gabriela Rivadeneira.

Cuando Glas se refugió en la sede mexicana, Noboa fue claro en anunciar su negativa de salvoconducto para el perseguido, contra quien ser había iniciado proceso por delitos diversos. Básicamente corrupción.  

“(M).- El 1 de marzo, el gobierno de Ecuador pidió a la embajada mexicana en Quito que autorizara que la policía ingrese a su sede para capturar al exvicepresidente. Al día siguiente, el gobierno de México rechazó esta petición. Ecuador pidió el jueves 4 de abril a la embajadora de México en Quito abandonar el país al declararla ‘persona non grata’, tras las críticas del presidente Andrés Manuel López Obrador sobre las últimas elecciones ecuatorianas en las que fue asesinado un candidato.

“El miércoles 3 de abril López Obrador aseguró que, en las elecciones de Ecuador, el magnicidio del centrista Fernando Villavicencio en agosto hizo que cayera la intención de voto de Luisa González, la candidata de izquierda que lideraba las encuestas.

“México otorgó el viernes 5 de abril asilo político al exvicepresidente de Ecuador, Jorge Glas. El gobierno ecuatoriano consideró el asilo a Glas como un ‘acto ilícito’, pues el exfuncionario es requerido por presunto peculado y las convenciones internacionales dictan que esa figura no aplica para delitos comunes, según un comunicado.

“Al anunciar la protección a Glas, la cancillería mexicana aseguró que, según una convención de 1954, el Estado asilante es el ‘único facultado para calificar la naturaleza de la persecución’, en tanto Ecuador está obligado a expedir el permiso de salida si así se lo solicita México. Horas más tarde, autoridades de Ecuador irrumpieron en la embajada de México y detuvieron a Glas”

De ahí vino la ruptura de relaciones. México obtuvo el respaldo de la comunidad internacional, abiertamente. Y ahora Ecuador emprende un camino diplomático y judicial hacia el precipicio y el ridículo.

En esas condiciones, por su heroísmo (nunca se lo reconocieron a Martínez Corbalá quien más lo merecía), el presidente de la República, Don Andrés Manuel la tiene facilita: propone la candidatura de Roberto Canseco, un diplomático de nivel medio a quien los agentes maltrataron durante el aleve asalto a la embajada mexicana. Ese golpe de suerte ha convertido a Canseco en un héroe de la patria.  Y con él, los demás miembros de la misión mexicana en Quito.

Nada como inflamar el patriotismo. O sí, las pendejadas del otro, como ahora.

Rafael Cardona

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Héctor García