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Triada negativa, presupuesto 2017 y Banxico

GABRIEL CASILLASGabriel Casillas

 

 

 

 

El tipo de cambio interbancario ya rebasó los 19.50 pesos por dólar. Hasta el momento en el que envié el presente escrito para publicación, el nivel máximo histórico del tipo de cambio ha sido de 19.7133 pesos por dólar. ¿Qué factores están llevando al peso a depreciarse de esta manera? En mi opinión, son tres: (1) Probabilidad de que el Banco de la Reserva Federal de EU (Fed) aumente la tasa de interés de referencia en diciembre, que estuvo muy baja hace casi un mes que el tipo de cambio cotizó por debajo de 18 pesos por dólar y que ha aumentado significativamente en las últimas dos semanas; (2) los precios del petróleo, que se encontraban cerca de 50 dólares por barril (en términos de West Texas Intermediate) cerca de un mes atrás y que ahora han estado cayendo hacia niveles más cercanos a los 40 dólares por barril; y (3) ventaja de Hillary Clinton sobre Donald Trump en las encuestas de intención de voto, que se encontraba en uno de sus niveles más amplios hace un mes (8 puntos porcentuales, de acuerdo al promedio de encuestas de www.realclearpolitics.com) y que se ha cerrado de manera significativa (actualmente es de solo 0.9 puntos porcentuales). A estos tres factores son a lo que he llamado “la triada”, que estuvo alineada para apreciar al peso hace un mes, pero que también advertí en este mismo espacio que se veía difícil que ésta pudiera permanecer alienada y peor aún, que todo parecía indicar que podría alinearse, pero para depreciar al peso (“La dinámica de corto plazo del peso liderada por el Fed, Trump y el petróleo”, 23 de agosto).

 

¿Qué pueden hacer nuestras autoridades económicas al respecto? Si la depreciación va acorde con los fundamentales de nuestro país, lo mejor es no hacer nada. No obstante lo anterior, de junio de 2014 a la fecha, el peso se ha depreciado significativamente más que divisas de otros países emergentes cuyos fundamentales se encuentran en niveles considerablemente inferiores a los de nuestro país (e.g. sostienen un mayor déficit fiscal, un mayor cociente de deuda con respecto del PIB, observan mayor inflación, etc.). En este sentido, uno de los argumentos que se han brindado en diferentes foros es que el peso mexicano se utiliza como “cobertura”. Es decir, que debido al alto grado de liquidez, así como de lo “barato” que es tomar una posición corta del peso con respecto al dólar de EU –en términos de tasa de interés relativa a otros emergentes-, nuestra moneda es un activo que se compra a gran escala cuando hay apetito por riesgo a nivel global, pero que se vende –también en grandes cantidades-, cuando existen episodios de mayor aversión al riesgo (“El complicado entorno que enfrenta Banxico”, 9 de agosto).

 

Entonces, si la magnitud y la velocidad de depreciación del peso frente al dólar  relativa a otras divisas-, es muy distinta y no refleja los fundamentales de nuestro país, sí se justifica que nuestras autoridades económicas hagan algo al respecto. La Comisión de Cambios (CC) –formada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y el Banco de México (Banxico)-, podría decidir dos políticas: (1) Imponer un control de capitales para disminuir la operación de la divisa y remover una de las características que hacen al peso ser una buena cobertura. No obstante, sabemos que esta opción ni es recomendada por los cánones de la ortodoxia económica, ni está dentro de las opciones que contempla la CC; o (2) utilizar las reservas internacionales y vender dólares en el mercado, ya sea de manera preanunciada o discrecional. Los mecanismos preanunciados, que sirvieron durante mucho tiempo para palear episodios de baja liquidez, quedaron obsoletos ante la nueva realidad del peso mexicano y el tipo de fenómeno económico-financiero global que nos encontramos experimentando, quedando así la intervención discrecional. Sin embargo, la CC no ha participado ya con este tipo de políticas en episodios recientes de muy alta volatilidad, como la publicación del resultado de la votación de Reino Unido para desincorporarse de la Unión Europea (Brexit). En mi opinión, esto se debe a que la fuente principal de acumulación de reservas en las últimas décadas eran los dólares que le vendía Pemex al Banco de México, que han disminuido considerablemente ante la caída de los precios y de la producción –y por lo tanto de la exportación-, de petróleo, así como el incremento de la importación de petrolíferos (e.g. gasolina).

 

Así, las opciones que quedan son: (1) Un aumento de la tasa de referencia del Banco de México, para hacer “menos barato” tomar posiciones cortas con el peso; o (2) reforzar el marco macroeconómico vía un recorte al gasto público, por ejemplo. En mi opinión, el recorte que está proponiendo la SHCP a nuestros legisladores para el año fiscal 2017 es realista y responsable (“Presupuesto 2017 – Realista y responsable”, 13 de septiembre). Un recorte significativamente mayor podría tener un impacto más negativo en el crecimiento del PIB –porque así es como “paga” la economía los recortes-, teniendo dos impactos más negativos todavía: (a) Disminuir la recaudación y entonces poner en duda el cumplimiento de las metas de déficit y por lo tanto de deuda; y (b) un crecimiento menor del PIB disminuye el denominador con el que se calcula la deuda como porcentaje del PIB. Esto nos puede llevar a un círculo vicioso de recortes de gasto en donde no se cumplan las metas de déficit y deuda y entonces considero que sí nos bajarían la calificación crediticia. Al menos este fue uno de los argumentos con el que Standard & Poor’s degradó la perspectiva de la calificación de nuestro país de ‘estable’ a ‘negativa’. Es por esto y por el cambio que llevó a cabo la Junta de Gobierno de Banxico a su función de reacción que he anticipado que tendrán que elevar la tasa de referencia el próximo 29 de septiembre o inclusive antes si la dinámica del tipo de cambio empeora (“Arriesgada decisión del Banco de México”, 5 de julio y “Banxico – El caso para un alza de tasas en septiembre”, 6 de septiembre). Cabe señalar que una elevación de uno o dos puntos porcentuales de la tasa de referencia tendría poco impacto en la economía real –dicho por miembros de la Junta de Gobierno del propio Banxico-, en mi opinión, debido principalmente a la baja bancarización de nuestro país y en nivel actual tan bajo de la tasa de interés de referencia.

 

 

*El autor es Director General Adjunto de Análisis Económico y Relación con Inversionistas de Grupo Financiero Banorte.  

Twitter: @G_Casillas

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