Cita en la puerta

por Guadalupe Bustamante
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José Cárdenas

El jueves 11 de junio, el mundo mirará al Estadio Banorte. México abre el Mundial contra Sudáfrica. A las 13:00 horas, mientras la FIFA enciende los reflectores, otra convocatoria llegará a la misma puerta. Vendrán de Insurgentes, del Periférico, de Tlalpan, del Imán.

Convergerán madres buscadoras, la CNTE, los padres de los 43, pensionados del IMSS, de la CFE y de Pemex, organizaciones de transportistas, campesinos y trabajadores de la salud. No buscarán el partido. Buscarán la cámara. Saben que el país que el gobierno quiere mostrar y el país que ellos cargan no caben en la misma imagen. 

El descontento no nació con el Mundial. La CNTE lleva más de quince días en plantón para exigir la derogación de la ley del ISSSTE de 2007, el regreso a un sistema solidario de pensiones y un aumento salarial del 100%. 

Las madres buscadoras cuentan a sus desaparecidos por decenas de miles y siguen cavando con sus manos. Ayotzinapa cumple más de doce años sin verdad ni justicia plena. Los pensionados ven cómo su retiro pierde piso. 

Cada agravio tiene su propia historia, pero el estadio los une por una razón: durante años tocaron las puertas del poder y nadie abrió. Ahora tocan la puerta del escaparate. Frente a esa cita, la respuesta del Estado ya tiene cifra: 11 mil 219 elementos y mil patrullas para contener. El gobierno cuenta policías. No cuenta soluciones. 

Ese será el verdadero escenario: una inauguración convertida en duelo de relatos. Adentro, el himno, el balón y la fiesta transmitida a medio planeta. Afuera, el reclamo que esa fiesta intenta esconder. Si el operativo contiene la marcha, la imagen que viajará al mundo será la de un muro.

Si la marcha llega a la reja, será la del país que el discurso oficial niega. La FIFA paga por el espectáculo. México paga por el silencio. El balón rodará el jueves. Las deudas pendientes, no. 

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