Donald Trump y Xi Jinping concluyeron este viernes una cumbre de Estado en Beijing en la que ambos líderes reportaron avances para estabilizar las relaciones entre Estados Unidos y China, pese a las profundas diferencias que persisten entre las dos mayores economías del mundo. Trump se jactó de haber cerrado «acuerdos comerciales fantásticos, excelentes para ambos países», aunque no reveló detalles específicos, mientras que Xi Jinping calificó la visita como un «hito» y aseguró que se estableció una relación bilateral «constructiva, estratégica y estable».
La cumbre de 36 horas incluyó negociaciones en torno a sectores clave como agricultura, energía, aeronáutica y soya, así como la posible extensión de la tregua comercial alcanzada el año pasado, que redujo aranceles y controles a exportaciones de tierras raras. Trump acudió a Beijing acompañado de una delegación de ejecutivos corporativos de alto perfil, entre ellos Elon Musk (Tesla), Tim Cook (Apple) y Kelly Ortberg (Boeing), con el objetivo de abrir el mercado chino a empresas estadounidenses.
En el plano geopolítico, Taiwán e Irán también estuvieron sobre la mesa. Xi Jinping advirtió a Trump que Taiwán es «el tema más crucial en las relaciones bilaterales» y que un manejo inadecuado podría derivar en una situación «extremadamente peligrosa». Por su parte, Trump había retrasado un paquete de armamento de 14 mil millones de dólares para la isla antes de emprender el viaje a China. Ambos líderes coincidieron además en la necesidad de mantener abierto el Estrecho de Ormuz para garantizar el flujo energético global.
Esta fue la primera visita de Estado de un presidente estadounidense a China en nueve años y la segunda reunión entre Trump y Xi desde que el republicano regresó a la Casa Blanca. La Casa Blanca también anunció planes para crear una nueva Junta de Comercio bilateral que gestione el diálogo económico entre ambas potencias, en un intento por institucionalizar las negociaciones y evitar una nueva escalada arancelaria.
