El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, intensificó sus amenazas contra Dinamarca y otros países al advertir que podría imponer aranceles a quienes no respalden sus planes de hacerse con el control de Groenlandia. Durante una mesa redonda sobre salud en la Casa Blanca, Trump justificó su postura argumentando que necesita el territorio ártico por razones de seguridad nacional. La isla, que forma parte del reino danés y cuenta con importantes recursos minerales y posición estratégica, es territorio de un aliado de Estados Unidos dentro de la OTAN.
Las declaraciones del republicano generaron tensión diplomática en Europa, donde tropas europeas llegaron a Groenlandia como muestra de apoyo a Dinamarca tras reuniones con autoridades estadounidenses. Un grupo bipartidista de congresistas estadounidenses también viajó a Dinamarca para expresar su respaldo al país escandinavo ante la presión de Trump. El mandatario electo ha elevado el tono de sus amenazas en las últimas semanas, sugiriendo incluso el uso de medidas económicas coercitivas para lograr sus objetivos territoriales.
La comunidad internacional observa con preocupación las aspiraciones expansionistas de Trump sobre Groenlandia, territorio autónomo danés de 56,000 habitantes cuya ubicación cobra relevancia estratégica en el contexto del deshielo ártico y la competencia geopolítica con Rusia y China. Los recursos naturales de la isla, incluyendo minerales raros esenciales para tecnología avanzada, han despertado el interés estadounidense en las últimas décadas, aunque las autoridades groenlandesas y danesas han rechazado reiteradamente cualquier negociación de soberanía.
El gobierno danés respondió con firmeza a las declaraciones de Trump, reafirmando que Groenlandia no está en venta y que la soberanía del territorio no es negociable. Analistas internacionales advierten que las amenazas arancelarias podrían debilitar las alianzas dentro de la OTAN y afectar las relaciones comerciales transatlánticas. La postura agresiva del presidente electo marca un nuevo capítulo en su política exterior confrontativa, que combina nacionalismo económico con ambiciones territoriales que desafían el orden internacional establecido desde la Segunda Guerra Mundial.
