Dentro de esa rica narrativa en donde las entradas parecían eternas, en la parte baja del segundo rollo, ocurrió un momento que nadie esperaba cuando Josh Naylor, el jugador conocido más por su corpulencia que por su velocidad, robó la tercera base. La jugada fue tan improbable como determinante. Mitch Garver siguió con elevado de sacrificio y subió la primera carrera de Seattle a la pizarra.
Josh Naylor set up that first @Mariners run with a gutsy steal of third base 😎 pic.twitter.com/fomwtQBkTK
— MLB (@MLB) October 11, 2025
Esa jugada marcó un hilo invisible que atravesó todo el encuentro y condujo a los Mariners a la Serie de Campeonato por primera ocasión en 24 años.
Naylor no es un velocista. Con 107 kilos distribuidos en 1,83 metros, su velocidad promedio de sprint es de 7.45 metros por segundo, muy lejos de los 9,2 de Bobby Witt Jr., pero su lectura del juego es superior, según relatan sus compañeros, coaches y algunos analistas. Ha jugado siete temporadas en las Grandes Ligas, y aunque esta es la más lenta que ha tenido, robó 30 bases, cifra que marca récord personal y desafía la lógica de quienes creen que el robo de bases depende sólo de piernas veloces. Desde sus 19 años en la liga A, donde robó 11 bases en una temporada, Naylor ha perfeccionado la conciencia situacional que le enseñó su padre y que trasladó a cada clubhouse de MLB.
Creo que se trata de no tener miedo al fracaso”, dijo Naylor. “No tener miedo a arriesgarse. Eso es muy importante para mí. Intento no pensar en el fracaso. Intento no pensar en: ‘¿Y si lo logro?’. Simplemente me gusta jugar al béisbol, jugar con intensidad”, declaró Naylor para The Athletic.
Witt es el jugador más rápido con 9.2 metros por segundo, mientras que Naylor ocupa el puesto 532 entre 546 jugadores que han sido cronometrados al menos 10 veces.
