El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a colocar al estrecho de Ormuz en el centro de la tensión internacional al plantear que su país sea el “guardián” de esta ruta estratégica y exigir compensaciones económicas a las naciones que se benefician de su protección.
En declaraciones recientes desde la Casa Blanca, Trump aseguró que Washington tiene el “control total” del estrecho de Ormuz gracias al despliegue de la Marina estadounidense, capaz —según dijo— de imponer un bloqueo y garantizar el paso de los buques mercantes. El mensaje se produce en un contexto de alta volatilidad en Medio Oriente, luego de que Irán anunció cierres parciales del paso marítimo como respuesta a bombardeos israelíes y a la presencia militar de Estados Unidos en la región.
Trump ha insistido en que Estados Unidos está asumiendo el costo de proteger una vía por la que transita una parte clave del comercio energético mundial, mientras países europeos y asiáticos —principales compradores de petróleo que sale por Ormuz— se benefician del flujo sin aportar, a su juicio, lo suficiente en materia de seguridad. El mandatario ha presionado a sus aliados para que colaboren más activamente en operaciones de vigilancia y escolta de embarcaciones, al tiempo que advierte que Washington podría replantear su rol si no obtiene una mayor compensación.
El gobierno iraní, por su parte, ha respondido con mensajes que van desde la amenaza de mantener cerrado el estrecho hasta la apertura temporal bajo supervisión de sus fuerzas armadas, en medio de negociaciones intermitentes y señalamientos cruzados con Washington. Tehrán ha rechazado la narrativa de Trump sobre el “control total” estadounidense y denuncia que el despliegue militar en la zona incrementa el riesgo de un choque directo.
En paralelo, algunos gobiernos europeos se han mostrado reticentes a involucrar directamente a la OTAN en la vigilancia del estrecho, pese a su dependencia de los suministros energéticos que salen por esa ruta. La discusión se ha trasladado a foros multilaterales, donde se debate quién debe asumir el costo financiero, político y militar de garantizar la seguridad de Ormuz, y bajo qué mandato internacional deberían operar los buques de guerra que patrullan la zona.
Las advertencias de Trump sobre el estrecho de Ormuz se suman a un tono creciente de confrontación con Irán, que incluye amenazas de bloqueo, ultímatums para reabrir el tránsito naval y referencias a posibles consecuencias devastadoras si Tehrán no acata las exigencias de Washington. En este contexto, el estrecho se ha convertido en símbolo de la disputa por el poder regional, el control de rutas energéticas y el papel que Estados Unidos quiere mantener —y hacer pagar— como garante de seguridad en uno de los puntos más sensibles del planeta.