El sábado pasado, Zacatecas amaneció sacudido por una escena brutal: diez cuerpos de funcionarios, y hasta un bombero, fueron localizados en tres sitios distintos del estado. Entre las víctimas fue identificado Ignacio Castrejón Valdez, exalcalde de Sombrerete, lo que elevó aún más el impacto del caso.
Cinco cuerpos aparecieron colgados de un puente en Pánuco, semidesnudos; cuatro más fueron abandonados junto a una clínica del IMSS-Bienestar en Morelos; y otro fue localizado sobre la carretera a Durango, en Sain Alto.
Según la información disponible, ocho habrían muerto por asfixia y dos por disparos de arma de fuego.
La escena estuvo acompañada por una cartulina con un mensaje como si hablaran los ejecutados: “El pueblo se cuida, no se roba. Esto nos pasó por robar y desviar recursos de gobierno y culpar a la organización”. La exposición pública de los cuerpos y el mensaje dejaron claro el propósito de causar conmoción y lanzar una advertencia directa.
Y el lunes, un video difundido en redes sociales añadió más tensión al pavoroso caso: una veintena de hombres encapuchados y bien armados atribuyeron los hechos al C.D.S. M-F, señalado como una facción del Cártel de Sinaloa vinculada con El Mayito Flaco y aliada con Los Cabrera (los Cabrera Sarabia, son una familia criminal originaria de Durango).
En el video, que según el secretario de Gobierno de Zacartecas fue manipulado, los encapuchados también lanzaron amenazas contra el gobernador David Monreal, a quien advirtieron sobre presuntos pactos. El mandatario estatal afirmó sentir “impotencia” y rechazó que los hechos correspondan a una pugna entre cárteles.
El hallazgo horrorizó a Zacatecas. El crimen no buscó matar a diez. Buscó que lo vieran millones.
¡Eso es terrorismo!