Este lunes, miles de estudiantes aceptados debían iniciar su inscripción a licenciatura en la UNAM. El trámite quedó suspendido ante la acumulación de irregularidades en el examen en línea aplicado desde mayo. La modalidad digital prometía ampliar el acceso y reforzar el control con inteligencia artificial; sin embargo, el caso muestra los límites de ese modelo frente a intentos de vulnerar el proceso.
El dato más inquietante provino de los resultados: especialistas detectaron un patrón anómalo, pues los puntajes de excelencia pasaron de 9 a 30 por ciento en un año. A partir de ahí, surgieron distintas explicaciones.
En TikTok circularon desde mayo recomendaciones para eludir la supervisión automatizada: un segundo celular colocado fuera del ángulo de la cámara o una pantalla compartida en Discord, plataforma de comunicación gratuita antes usada por gamers y utilizada también para coordinar respuestas.
Eduardo Backhoff, doctor en Educación, plantea incluso escenarios más graves: aspirantes inscritos solo para robar reactivos y venderlos, o intrusos que penetraron el sistema.
El examen se trasladó a línea para no castigar a quienes no pueden desplazarse, pero la modalidad virtual también evidenció nuevas vulnerabilidades. El desafío, ahora, es determinar si el beneficio de ampliar el acceso compensa los riesgos que abrió el proceso.
Mientras tanto, los aspirantes inconformes marchan en Ciudad Universitaria. Exigen cancelar el examen virtual y reponerlo de manera presencial. El rector Leonardo Lomelí, bajo presión institucional y pública, convocó una Comisión Técnica de Investigación.
La UNAM invoca la certeza y la Legislación Universitaria. El riesgo es otro: que prevalezca una explicación simplista y que el caso se convierta en botín político.
La UNAM aplicó un examen. Hoy el país examina a la UNAM. Y, haga lo que haga, La UNAM no puede reprobar.