Espectáculos

La oscura historia real detrás de «Hombres de Negro»

Publicado por
Héctor García

Para la mayoría, Men in Black (1997) es una de las comedias de ciencia ficción más queridas de los años 90. La química entre Will Smith y Tommy Lee Jones, los alienígenas hechos con efectos prácticos y esa icónica canción pop convirtieron la película en un éxito masivo. Sin embargo, detrás del carisma de los agentes J y K se esconde un trasfondo mucho más oscuro que mezcla avistamientos reales de ovnis, teorías de conspiración de la Guerra Fría y un cómic underground donde los protagonistas eran todo menos héroes.

La idea de unos «hombres de negro» no nació en la mente de un guionista de Hollywood, sino en el folclore ufológico de mediados del siglo XX. El primer registro histórico ocurrió en junio de 1947, apenas unos días antes del famoso incidente de Roswell.

Un marinero llamado Harold Dahl afirmó haber visto objetos flotantes con forma de dona arrojando escombros calientes sobre su bote en Maury Island, Washington. A la mañana siguiente, un hombre misterioso vestido con un traje negro impecable se sentó con él en un restaurante local. El desconocido describió el avistamiento de Dahl con un nivel de detalle escalofriante y le lanzó una advertencia directa: Si valoras a tu familia, no hables de esto con nadie.

Pocos años después, en 1953, el investigador de ovnis Albert K. Bender cerró repentinamente su organización tras asegurar que había sido visitado por tres hombres de negro con trajes oscuros y ojos brillantes que lo amenazaron para que dejara de buscar la verdad. Aunque con el tiempo muchas de estas historias se catalogaron como engaños o delirios de la época, el mito ya se había sembrado en la cultura popular. En el folclore original, estos hombres no eran divertidos; eran figuras siniestras, a veces descritas con rasgos casi demoníacos o inhumanos.

En 1990, el escritor Lowell Cunningham decidió tomar este mito urbano y convertirlo en una serie de cómics titulada The Men in Black, ilustrada por Sandy Carruthers.

A diferencia del tono ligero del filme, la agencia del cómic original era radicalmente distinta:

  • Sin piedad: Los agentes no usaban un «neuralizador» con luces parpadeantes para borrar la memoria de los testigos de forma pacífica; si alguien veía algo que no debía, los agentes recurrían a la intimidación extrema o directamente al asesinato.

  • Más que alienígenas: La organización no regulaba únicamente la inmigración extraterrestre. El equipo de Cunningham perseguía todo tipo de anomalías paranormales, incluyendo demonios, hombres lobo, zombis y cultos de magia negra.

  • Control global: Los Hombres de Negro del cómic no protegían a la humanidad por puro altruismo; buscaban mantener el statu quo mundial bajo una agenda de manipulación absoluta.

El cómic fue publicado originalmente por una pequeña editorial independiente llamada Aircel Comics. Tras una serie de compras de empresas, los derechos terminaron en manos de Marvel Comics, razón por la cual los créditos de la película de 1997 mencionan a la famosa Casa de las Ideas.

Cuando los productores Walter F. Parkes y Laurie MacDonald descubrieron el cómic, vieron potencial para una película, pero sabían que el tono oscuro y cínico no funcionaría para el gran público. Contrataron al director Barry Sonnenfeld (conocido por Los Locos Addams) y al guionista Ed Solomon para darle un giro total a la premisa.

El gran acierto: Convertir la paranoia de la Guerra Fría en una comedia burocrática. La genialidad de la película fue transformar a esta aterradora agencia secreta en algo parecido al Servicio Postal o a la oficina de Aduanas, donde lidiar con alienígenas gigantes es solo un papeleo aburrido de oficina.

El toque final lo dio el elenco. Originalmente se pensó en Clint Eastwood para el papel de K y en Chris O’Donnell para el de J. Finalmente, la combinación de la seriedad inquebrantable de Tommy Lee Jones con la energía desbordante de un joven Will Smith fijó la fórmula perfecta.

La película recaudó más de 589 millones de dólares a nivel mundial, logrando que una leyenda urbana nacida del miedo y el secretismo gubernamental se convirtiera en uno de los pilares del entretenimiento pop más divertidos de la historia del cine.

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Héctor García