Espectáculos

El fenómeno cinematográfico de los Hombres G que marcó a una generación

Publicado por
Héctor García

En la segunda mitad de la década de los 80, el panorama musical en español experimentaba un terremoto incontrolable. Cuatro jóvenes madrileños —David Summers, Rafa Gutiérrez, Dani Mezquita y Javi Molina— arrastraban masas, desataban el histerismo colectivo y colapsaban las calles. Sin embargo, el fenómeno de los Hombres G no se limitó a las estaciones de radio y a las giras de conciertos; la banda conquistó de forma contundente las salas de cine, dejando una marca imborrable en la cultura pop.

Bajo la dirección del cineasta Manuel Summers (padre del vocalista David Summers), el grupo protagonizó dos largometrajes que se convirtieron de inmediato en éxitos de taquilla, llevando a las salas a millones de espectadores hambrientos por ver la cara más gamberra, surrealista y divertida de sus ídolos.

‘¡Sufre mamón!’ (1987): El nacimiento del mito

El debut cinematográfico de la banda llegó en 1987 con ¡Sufre mamón!, una comedia juvenil que funcionaba en parte como una biografía ficcionada y desenfadada sobre cómo se formó el grupo.

La trama gira en torno a un corazón roto: la historia real de cómo una chica dejó a David Summers por un «niño pijo», lo que inspiró el nacimiento de su himno más famoso. Con un tono irreverente, humor absurdo (que incluía desde polvos pica-pica hasta un mono en miniatura vestido de punki) y una frescura innegable, la película desató la locura total.

«El día del estreno en el Cine Rialto de la Gran Vía, la policía tuvo que intervenir. El histerismo era tal que las fans rompieron las cristaleras de la entrada al quedarse fuera», llegó a recordar el propio David Summers sobre el impacto del filme, que atrajo a más de un millón de espectadores.

‘Suéltate el pelo’ (1988): El precio de la fama

Apenas un año después, y en la cresta de la ola, llegó la secuela: Suéltate el pelo. En esta ocasión, la trama abandonaba los inicios del grupo para adentrarlos en una aventura de intriga y extorsión dentro de su caótica rutina de fama.

La premisa partía de una anécdota real (una fan que le envió dinero en una carta a David), pero escalaba hacia un chantaje ficticio que ponía en aprietos a la banda. Aunque la crítica de la época se mostró dividida ante la calidad cinematográfica del filme, el público volvió a respaldar en masa a los músicos, consolidándolos como los «Beatles españoles» del momento.

Un reflejo de su época

Las películas de los Hombres G son un viaje en el tiempo a una España en plena efervescencia juvenil. Analizadas hoy en día, estas cintas destacan por su libertad creativa y un humor gamberro que, en el contexto social actual, difícilmente pasaría los filtros de la corrección política. Sin embargo, su valor nostálgico y su capacidad para capturar la energía adolescente de los 80 las han convertido en títulos de culto.

El paso por el cine de la banda fue breve pero fulminante. El ritmo de dar más de 100 conciertos al año y las giras internacionales hicieron imposible compaginar los platós con los escenarios. Como bien le dijo David a su padre en su momento: «Papá, no somos los Hermanos Marx».

A pesar de las décadas transcurridas, la relación de Hombres G con el cine sigue viva; recientemente la banda regresó a las pantallas con el documental Los mejores años de nuestra vida, demostrando que, ya sea cantando en directo o a través de un proyector, el público sigue dispuesto a pasarla bien con ellos.

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Héctor García