La entrega del general Gerardo Mérida Sánchez, en Estados Unidos, no es cooperación. Es rendición. Es la prueba de que el control se perdió dentro y se trasladó fuera. Golpea de frente a la 4T. El mensaje evidencia que las decisiones clave ya no se toman en México.
Bajo presión, el 6 de mayo, la UIF pidió congelar cuentas bancarias a los “socios” de “La Banda de los Diez”, pero hubo “soplo”. La FGR tardó en reaccionar por orden superior. Los señalados tuvieron tiempo suficiente para vaciar cuentas bancarias y borrar rastros.
La 4T pierde autoridad moral. Los nombres señalados pesan: un gobernador, un senador, un general de División (en retiro) un alcalde y otros seis, son cuerpos del delito. Negar el costo no lo elimina. Lo confirma. Porque cuando el dinero se mueve antes del congelamiento y los generales se entregan fuera del país, no hay estrategia. Hay colapso.
No será gratuita la presencia en México de Markwayne Mulllin, secretario de Seguridad Nacional y Sara Carter Bailey, directora de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas de la Casa Blanca, el próximo viernes.
La historia se cuenta sola.