El período extraordinario de sesiones en el Congreso no busca corregir el sistema. Busca rediseñarlo. Morena y sus aliados van por jueces, transparencia, seguridad y elecciones.
Todo al mismo tiempo. El Ejecutivo concentra más funciones. Las facultades de vigilancia de la Guardia Nacional crecen. El poder se reorganiza alrededor de un solo eje.
La narrativa oficial habla de eficiencia, combate a la corrupción y simplificación administrativa. La oposición habla de concentración de poder y desaparición de contrapesos. En medio queda un Congreso donde la mayoría aprueba y la minoría denuncia.
La reforma judicial intenta blindarse del narco, pero al mismo tiempo abre dudas sobre independencia y control político de tribunales y elecciones.
En el fondo, la 4T acelera la construcción de un nuevo régimen. Menos contrapesos. Más control central. Más fuerza al aparato de seguridad. Más poder al Ejecutivo.
El período extraordinario no es trámite legislativo. Es una disputa por el modelo de Estado que gobernará México una eternidad… como Morena quisiera.