Fuerzas militares de Estados Unidos ejecutaron una serie de bombardeos en Siria contra posiciones del Estado Islámico, destruyendo un centro de comunicaciones, un nodo logístico y depósitos de armamento, como parte de una operación destinada a impedir el reagrupamiento del grupo terrorista. El Comando Central estadounidense detalló que los ataques, realizados con aviones, helicópteros y drones, emplearon decenas de municiones de precisión y formaron parte de una campaña sostenida entre finales de enero y principios de febrero.
La ofensiva se desarrolló en el marco de la Operación Hawkeye Strike, lanzada tras el atentado del Estado Islámico en Palmira que dejó muertos a dos miembros de la Guardia Nacional de Iowa y a un intérprete estadounidense. Mandos militares subrayaron que estas acciones buscan garantizar la derrota definitiva del EI, y confirmaron que más de 50 combatientes han sido abatidos o capturados en las últimas semanas.