La salida airosa de Adán Augusto del liderazgo de Morena en el Senado es la caída política de un alfil cuando se vuelve insostenible, no por los escándalos de corrupción que lo rodean, como la presunta creación de un cártel desde su gobierno en Tabasco o su abultado enriquecimiento patrimonial, sino porque dejó de ser considerado un agente válido y funcional para las prioridades del gobierno.
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Su decisión de hacerse a un lado retrata a un político que sabe cuándo termina su ciclo, pero también revela que, mientras fue útil para sacar “por cualquier medio” las iniciativas del plan C en el primer año de gobierno, fue sostenido contra viento y marea; cuando dejó de serlo, se abrió la puerta para su relevo.
Para la Presidenta, la caída del exsecretario de Gobernación es una ventana de oportunidad para consolidar su proyecto con cabezas alineadas a su agenda, en un momento en que se juega su verdadera hegemonía con la reforma electoral pendiente, en medio del estancamiento económico y las crecientes presiones de Estados Unidos en materia de seguridad. Es otro paso para deshacerse de liderazgos hostiles y heredados por López Obrador en la sucesión, como ya ocurrió con la salida anticipada de Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía; no se trata de escarmientos legales, ni de una ruptura política con el antecesor, sino de sacrificar piezas que dejaron de ser útiles y se volvieron flancos débiles frente a la cacería estadunidense contra el narco y sus posibles nexos políticos.
La reforma electoral, pieza clave del plan C para un cambio de régimen y asegurar la hegemonía de Morena, requería un operador con puentes de diálogo efectivos incluso con aliados como PT y PVEM, pero Adán Augusto ya no podía ofrecerlos, con puentes rotos y credibilidad desgastada, lo que condenaba la iniciativa al archivo. El vínculo real entre Sheinbaum y su mentor político no descansa en la gratitud personal, sino en la primacía del proyecto por encima de enojos o desacuerdos; en esa lógica, el “hermano político” de López Obrador dejó de ser indispensable, igual que antes lo fue para la reforma judicial, aun recurriendo a toda clase de argucias para aprobarla. El estilo moderado y prudente de la Presidenta para abrir camino a su liderazgo se apoya en la eficacia por encima de cualquier otra virtud, con el principio de cuidar el legado obradorista como criterio discrecional que le permite ganar autonomía sin chocar de frente con las alas más dogmáticas de Morena.
Sostuvo a Adán Augusto mientras fue eficaz en la operación política, como sostuvo a Gertz para capotear el escándalo del rancho de Teuchitlán, hasta que estalló el caso Miss Universo y su presidente Raúl Rocha, con repercusiones internacionales que hicieron insostenible al fiscal.
Los escándalos de corrupción rara vez tumban por sí solos a los políticos; más bien terminan de colmar el vaso, mientras la causal anticorrupción se devalúa y vacía de sentido el combate que se prometió en la plaza pública. El coordinador senatorial de Morena se va con paso franco, sin perder el fuero ni enfrentar investigación alguna, pese a las denuncias presentadas; la salida ordenada muestra a unas instituciones incapaces de impedir que el poder extienda velos de impunidad a sus hombres, a cambio de hacerse a un lado con la expectativa de resucitar en la siguiente elección, como ahora busca hacerlo el tabasqueño.
En esa lógica, los movimientos despejan el camino para consolidar la autonomía del nuevo gobierno, pero a un alto precio: la potestad de repartir impunidad deja manchas que poco a poco ennegrecen el prestigio y la credibilidad de un proyecto que reivindica la regeneración de la vida pública. Al mismo tiempo, exhiben la frágil cohesión interior de un mosaico de intereses difícilmente aglutinable sólo con la invocación del mantra discrecional del “proyecto”. ¿En qué lugar quedan las instituciones anticorrupción, como la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno o la propia Fiscalía, cuando el único costo para dirigentes partidistas y funcionarios es una simple sanción política, sin rendición de cuentas y con salvoconducto para seguir operando posiciones de grupo, como la candidatura en Chihuahua o el exilio dorado de una embajada?
El precio para las instituciones es enorme, tanto como para la fuerza y credibilidad del gobierno, debilitado por la falta de institucionalidad frente a las exigencias de Washington para elevar la seguridad a sus propios estándares, presión que también está detrás de la caída de Adán Augusto, al dejar de ser un interlocutor confiable para ellos. Y aunque nadie, ni dentro ni fuera, pueda asegurar que la lucha contra la corrupción haya sido la verdadera diferencia, la forma en que se administran las salidas airosas confirma que, en la política mexicana, la impunidad sigue siendo la moneda más cara del sistema. Etiquetas: Morena, Adán Augusto López, reforma electoral, Claudia Sheinbaum, López Obrador, corrupción, impunidad, Fiscalía, Gertz Manero, Estados Unidos, narco, plan C SEO title: El alto precio de la salida airosa de Adán Augusto para el proyecto de la 4T Meta description: La salida airosa de Adán Augusto del Senado exhibe el costo de la impunidad, la fragilidad institucional y las tensiones del proyecto de la 4T ante la reforma electoral.