El Cristalazo

LA AÑORANZA DEL HOMBRE FUERTE

Publicado por
Héctor García

La celeridad de nuestro supremo gobierno en enviarle una melosa felicitación al presidente salvadoreño, Najib Bukele quien  logró legitimar sus múltiples violaciones constitucionales coronadas con la reelección tras una simulada licencia durante cuyo lapso puso a gobernar a su secretaria, contrasta con la pereza de cuando Joe Biden ganó los comicios en Estados Unidos, y nuestro gobierno se hizo el remolón para saludar tal victoria, hasta no conocer los resultados oficiales. 

Aquí nos fuimos de bruces. Como si Bukele (el carcelero mayor) significara algo en nuestras vidas.

Bukele arrasó con el proceso electoral después de arrasar primero con el sistema legal y político de esa pequeña nación a la cual maneja como si fuera su hacienda o su empresa personal. Con el fuete siempre a la mano.

Pero lo más notable de todo esto es cómo los salvadoreños, excepto contados casos, lo aplauden debido quizá  la fascinación latinoamericana, casi literaria de tiranos, banderas, caudillos y patriarcas,  hacia los hombres providenciales, los represores, los carceleros.

Tanto se habla en estos días de la necesaria erradicación del patriarcado, la falocracia y el machismo, como para no comprender cómo la política machista, hace y deshace en muchos países condenados al autoritarismo y la demolición institucional, con el aplauso de la gleba, el populacho o las clientelas de los programas socio electorales.

Una de las características del machismo es la necesaria y a veces agradecida sumisión de alguna mujer. Es el caso de Claudia (la salvadoreña):

“(CIDOB). – Claudia Rodríguez de Guevara es una desconocida. En el momento de difundir su designación presidencial, los medios periodísticos solo disponían de unas pocas imágenes estáticas de ella, cuatro o cinco exactamente, y obtenidas de la misma fuente, la cuenta de X (ex Twitter) de la DOM.

“La prensa local, recurriendo a los sucintos currículos públicos del Portal de Transparencia del Estado y a fuentes anónimas, han publicado unas líneas de su hoja de vida, de la que por el momento se desconocen datos básicos como la fecha y el lugar de su nacimiento o su estado civil. Aunque hasta ahora ha permanecido totalmente fuera del foco, Rodríguez, que emprende su nueva y elevada tarea (ya terminada), sin un acto de juramentación y sin comparecer públicamente siquiera, viene siendo una figura central en la Administración Bukele (y obviamente de su reelección).“…Tras estudiar en el Colegio Cristiano Reverendo José Sarbelio Ponce, escuela privada del Departamento de San Miguel, y en el Instituto Nacional General Francisco Morazán (Inframor), institución educativa de San Salvador donde se sacó el Bachillerato en Comercio con la opción de Contaduría, Rodríguez empezó la carrera de Administración de Empresas en la Universidad Francisco Gavidia (UFG), sita en la capital del país”.

Pero los hombres fuertes encantan a las masas como domina el faquir a las cobras ondulantes en el cesto.

Y eso ha ocurrido en todas partes donde los caudillos se lavan las manos con el jabón de las reformas constitucionales.

La mejor forma de cumplir con una constitución es redactando una a la imagen y semejanza de quien no puede –o no quiere–, cumplir con la anterior, así con haya llegado al poder. Pero no basta con ganar una elección y un gobierno. Se debe garantizar el absoluto cumplimiento de los planes personales y la prolongación temporal del modelo.

De ese modo se cubren las apariencias.

Yo pongo las reglas y las cumplo. Para eso las hice, piensa siempre el hombre fuerte. Y si las violo nadie me reclamará. Esa es mi democracia.

“… el único consejo que le dio (El otoño del patriarca), fue que nunca impartiera una orden si no estás seguro de que la van a cumplir, se lo hizo repetir tantas veces cuantas creyó necesarias para que el niño no olvidara nunca que el único error que no puede cometer ni una sola vez en toda su vida un hombre investido de autoridad y mando es impartir una orden que no esté seguro de que será cumplida…”

Rafael Cardona

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Héctor García