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La diplomacia de los otros datos

Publicado por
Héctor García

La argumentación pública para desvirtuar cifras, estadísticas y hasta percepciones sobre la actual realidad, tiene una frase presidencial cuya frecuencia ya la ha instalado –hasta en el campo de lo coloquial–, en el lenguaje cotidiano de los mexicanos.

Si al principio fue una humorada, hoy muchas personas devuelven el guante de cualquier discusión con la frase irónica de “yo tengo otros datos”.

Y eso sirve ante cualquier circunstancia.

Hace unos días en el Metro, en el abigarrado vagón sobre la línea 2, un par de jóvenes conversaba sobre la ruptura de un noviazgo. Alguien supo infiel a su pareja.

–¿Y qué le dijiste? 

–Que la habían visto con otro. Le reclamé.

–¿Y qué te contestó?

–No les creas, yo tengo otros datos, me dijo muy segura. La corté.

No escuché el resto de la conversación, pero recordé con esa trivialidad la materia del libro “El imperio de los otros datos”, de Luis Estrada, director del taller de comunicación SPIN.

“…Falsedades, inexactitudes y mentiras dichas por el presidente de la república. Las conferencias matutinas de Andrés Manuel López Obrador se convirtieron en el imperio de «los otros datos». El mandatario prometió que las mañaneras serían una herramienta de transparencia, pero desde el día uno de su gobierno devinieron en instrumentos de propaganda y desinformación,   Luis Estrada, director del centro de análisis Spin, ha llevado la cuenta -día a día y palabra a palabra- de las imposturas del presidente en la primera mitad de su gestión, de los enemigos que ha fabricado y de las guerras que ha alimentado con sus palabras. En este libro enumera y analiza, así, las obsesiones de López Obrador, sus terrores, sus fantasmas, la ligereza con la que habla, el frío de sus acusaciones y los engaños que ha elegido difundir”.

Dichas así las cosas y vista la acumulación de inexactitudes, falsedades o simplemente mentiras desde el Palacio Nacional, resultaría difícil categorizarlas y decidir cuál ha sido la más grave de todas. Quizá la mentira maestra haya sido presentar una fábrica de convencimiento, una lavandería de cerebros,  como una conferencia de medios para informar sobre las reuniones y resultados del gabinete de (in) seguridad. Puro cuento..

Confundir deliberadamente la rendición de cuentas  con la evangelización; la manipulación de la mentira para defender la verdad doctrinaria; mezclar el templete con el templo de la regeneración nacional. Una falacia intrínseca.

Pero hasta hace unos días no se había presentado un caso igual: usar la cátedra para desvirtuar las acciones del gobierno de otro país y trenzar las cosas para reforzar una versión  interna cuyo desenlace es previsible en sentido contrario.

Me refiero a las negociaciones y posibles querellas sobre el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, cuyas consultas se encaminan hacia el panel de controversia.

Pero las versiones difieren. Y cuando hay dos “verdades” siempre una es mentira.

“… Cuando se pensó que iba a haber conflictos por la consulta en materia energética –dijo el presidente el viernes pasado–, pues informamos, aclaramos, dimos a conocer nuestro punto de vista y ellos han decidido no dar el paso hacia un panel, y se está buscando un acuerdo, un arreglo, que no haya confrontación…”

Pero  Estados Unidos a través de su oficina comercial, (sin saber hasta ahora la postura canadiense),  dijo algo distinto.

«… (Reforma).- En este momento, buscamos involucrarnos constructivamente con México a través de consultas y continuaremos trabajando hacia una resolución mutuamente aceptable que aborde nuestras preocupaciones (en energía)…

«…En caso de que las consultas no aborden nuestras preocupaciones, Estados Unidos puede solicitar un panel para resolver el asunto».

–¿Entones? ¿Hay una involuntaria (o deliberada) confusión entre continuidad en una etapa de análisis y búsqueda de soluciones y la renuncia –inexistente–, a un derecho defensivo?

Al parecer sí. Quizá la siembra del caos como recurso permanente.

Rafael Cardona

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Héctor García