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El cultivo de la felicidad: Francisco Fonseca

Publicado por
José Cárdenas

Francisco Fonseca

Hoy que el planeta gira, rueda y rebota como pelota al compás del maldito virus, trataré de pensar un poco en la felicidad, esa palabra hoy lejana, pero que la extrañamos porque no la tenemos, y la avizoramos, tal vez, a largo plazo.

Y es que hoy muchos millones de habitantes de este planeta vivimos inmersos en los senderos de la cibernética, y recibimos decenas y centenas de mensajes deseando lo mejor, enviando abrazos enormes y felicidad sin fin, recomendando pensamientos armoniosos y las mejores fórmulas, diciendo que mantengamos un temple ecuánime y sosegado, y que tratemos de cultivar ese bien llamado felicidad. Todo ello para superar esta etapa cansina, que se alarga y se estira más y más cada día.

Qué mejor ocasión -el término de un año y el inicio de otro- para recordar con reverencia y respeto las palabras de un viejo amigo Lin Yutang (1895-1976), palabras que nos aportan un fino, sencillo e inmenso anhelo sobre la importancia de la vida.

Lin Yutang, escritor cuya obra se extendió rápidamente en Occidente a raíz de haberse instalado en los Estados Unidos, elaboró con cada reflexión el arte de disfrutar de cada momento, como el tratar de recuperar la belleza que nos proporciona el contacto cercano con la naturaleza.

En cada una de sus citas se advierte de inmediato la profunda preocupación de quien cimentó su sabiduría en hacer el bien a sus semejantes. Enseñaba que nobleza y generosidad deber estar por encima y a pesar de todo.

Él creía que nadie puede vivir en contacto cercano con la naturaleza y sus estaciones, con su nieve, sus lluvias, sus vientos, sus entornos, sus litorales, sus colinas, sus valles y recibiendo sus poderes curativos, y tener a la vez una mente retorcida o un punto de vista equívoco sobre la vida.

Por afinidades, Lin Yutang insistía en que nuestra tarea principal como seres humanos era la búsqueda de la felicidad, de su verdadero sentido como generadora de bienestar físico, mental y espiritual.

Decía que las leyes ordinarias de nuestra naturaleza elemental no pueden desafiarse y, a diferencia del desafío al sentido común, la felicidad desciende sobre quien hace su trabajo con destreza y lo corona con un periodo de descanso refrescante y vivificador. La felicidad surge, entonces, de la dosis adecuada de trabajo realizado durante el día.

Para el notable pensador, el carácter ideal para disfrutar de la vida es un alma cálida, sin temor y sin preocupaciones. Enumeró las tres «virtudes maduras» de su «gran hombre», señalándolas como sabiduría, compasión y valor. Yo, decía Lin Yutang, eliminaría una sílaba y consideraría que las cualidades de una gran alma son la pasión, la sabiduría y el valor.

La felicidad es paz -expresaba-, paz del cuerpo y paz del alma. Es un estado de satisfacción con uno mismo y con el ambiente en que uno se encuentra y, tal vez, con su propósito en la vida. Si toda la vida es subjetiva ¿Por qué no ser subjetivamente feliz en vez de ser subjetivamente triste?

A este respecto, el anciano predicador tropezó con esta sentida conclusión del Antiguo Testamento: «Ve y come tu pan con alegría y bebe el vino con alegre corazón».

Hay una gran cantidad de frases que llegan directamente al fondo del alma de quien las lee y tiene la capacidad de cumplirlas: “Los libros no deben clasificarse nunca. Clasificarlos es una ciencia, pero no clasificarlos es un arte” / “Vive como si no fueras a morir nunca, actúa como si fueras a morir mañana” / “Si no puedes vivir una vida bella, debes soñarla” / “La vida está compuesta de insignificancias; el año de instantes y las montañas de granos de arena. Por lo tanto no subestimes nada, por pequeño que te parezca” / “Un placer como el de una conversación perfecta es necesariamente raro, porque los sabios rara vez saben hablar y los que hablan rara vez son sabios” / “Los que son sabios, poco hablan; y los que hablan mucho, son poco sabios” / “El hombre superior ama su alma; el hombre inferior ama su propiedad” / “La sabiduría de la vida consiste en la eliminación de lo no esencial. En reducir los problemas de la filosofía a unos pocos solamente: el goce del hogar, de la vida, de la naturaleza, de la cultura” / “El humor es parte de la vida y en consecuencia no debe ser excluido, ni siquiera de la literatura seria” / “La belleza de la vida humana consiste en que, al revisar nuestras resoluciones el día de fin de año, descubrimos que hemos cumplido una tercera parte, hemos dejado sin cumplir otro tanto, y no podemos recordar a qué se refería la otra tercera parte” / “El máximo de poder es la iniciación de la decadencia” / “Hay tanto para amar y admirar en esta vida, que es un acto de ingratitud no estar feliz y contento con esta existencia”.

En la más grande de las fiestas del espíritu, yo también deseo lo mejor a todos y comparto mi anhelo con Lin Yutang para que pronto, y con pensamientos armoniosos alcancemos la felicidad.

Premio Nacional de Periodismo

Fundador de Notimex

pacofonn@yahoo.com.mx

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José Cárdenas