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Semana Santa: Pausa en el camino: Francisco Fonseca

Publicado por
José Cárdenas

Francisco Fonseca

 

La Semana Mayor se conmemora desde que muchos seres humanos se hicieron cargo de la realidad divina y con referencia a ésta orientan y ordenan toda su existencia. Digamos que es la referencia trascendente de la existencia del hombre, que se halla situado en un horizonte infinitamente abierto y en camino hacia una verdad absoluta.

La Semana Santa, conocida como Semana Mayor, es un período de ocho días que comienza con el Domingo de Ramos o de Palmas y culmina con el Domingo de Resurrección. Con la Semana Santa, el cristiano conmemora el Triduo Pascual, es decir, los momentos de la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesucristo. Está precedida por la Cuaresma, en que se recuerda el tiempo de preparación de 40 días que pasó Jesucristo en el desierto.

La Pascua de Resurrección es el domingo inmediatamente posterior a la primera luna llena tras el equinoccio del 21 marzo y se debe calcular empleando la luna llena astronómica, es decir no antes del 22 de marzo y no después del 25 de abril.

Dejemos a un lado el sentido religioso para profundizar solamente en la búsqueda del origen y la identidad con “alguien” superior desde el punto de vista moral y espiritual. La cristiandad cree en la buena estrella y en los malos presagios, en el amor instantáneo y en esa fuerza misteriosa que obligó a la humanidad a salir de las cavernas para dar a luz al Mesías.

Conmemorar estas fechas es dar un sentido especial a la vida. Es aprender, con toda la voluntad, cada paso del CRISTOS, del único ser -que yo sepa- que eligió conscientemente ofrecer en sacrificio su vida para que todos los demás -el prójimo, el semejante, el vecino- habitasen en un mundo de fraternidad y de perdón.

Hace dos mil años que murió Jesucristo. Sin embargo, y gracias a la fuerza de la palabra y del pensamiento, el Rabí sigue vivo entre nosotros. Con el hilo conductor de los primeros evangelistas, recuerdo el solemne libro El Mártir del Gólgota del dramaturgo español Pérez Escrich (1829-1897); luego el ateo Giovanni Papini (1881-1956) en la madurez de los años y de la conciencia escribió La Historia de Cristo en la cual narra la vida de un Dios que se hizo hombre, llegando a encontrar a Cristo caminando por muchas sendas que desembocaban todas al pie de la montaña del Evangelio. Las palabras de Papini tienen un profundo significado: “Cristo es el profeta de los débiles, siendo que vino, por el contrario, a dar fuerza a los que languidecían y a poner a los pisoteados por encima de los reyes. Dicen que la suya es religión de enfermos y moribundos, pero cura a los enfermos y resucita a los durmientes. Que es el Dios de la tristeza pero exhorta a los suyos a alegrarse, y promete un eterno banquete de gozo a sus amigos. Dicen que ha introducido la tristeza y la mortificación en el mundo, cuando por el contrario, durante su vida mortal comía y bebía, se dejaba perfumar los pies y los cabellos, y le repugnaban los ayunos hipócritas y las vanidosas penitencias de los fariseos (religiosos judíos que se interesaban más por los bienes materiales que por seguir la Ley Mosaica).

La escritora inglesa Taylor Caldwell (1900-1985) descubrió al profeta a través de Saulo Ben Hilel, (Pablo de Tarso) quien yendo a Damasco escuchó una voz al mismo tiempo íntima y lejana que le recordó que estaba hecho para la luz. El escritor y poeta inglés Robert Graves (1895-1985) trazó un retrato de Jesús de insólitas dimensiones humanas, un profeta fiel a la ley de sus mayores y personaje central de una compleja y conmovedora tragedia histórica. En fin, el escritor japonés Endo Shusaku (1923-1996) relata su particular visión de un Jesús de Nazaret que no necesitaba imaginarse la debilidad de los hombres sin esperanza porque decidió vivir entre ellos.

Las referencias históricas no cristianas sobre Jesús de Nazaret complementan a los evangelios, y al resto de los libros del Nuevo Testamento. La alusión directa más antigua no cristiana a Jesús se encuentra en la obra del escritor romano de origen judío Flavio Josefo llamada “Antigüedades de los judíos” (escrita hacia los años 93-94), más de medio siglo después de la muerte de Jesús. Todavía en el siglo 2 las menciones son pocas. Ninguna de ellas aporta información sustancial para conocer la vida o el mensaje de Jesús de Nazaret, pero sí sirven para documentar su existencia histórica. Mucha información se perdió durante la prohibición del cristianismo primitivo y el incendio de Jerusalén.

Jesús aparece mencionado en repetidas ocasiones en obras de escritores romanos como Tácito, Suetonio, Flavio Josefo y Plinio el Joven. La Enciclopedia Británica afirma: “que ni siquiera los opositores del cristianismo dudaron de la historicidad de Jesús, que comenzó a ponerse en tela de juicio a finales del siglo 18, a lo largo del 19 y a principios del 20”.

Semana Santa: tiempo de reflexión, de búsqueda sin límite para lograr la paz.

Fundador de Notimex

Premio Nacional de Periodismo 2018

pacofonn@yahoo.com.mx

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José Cárdenas