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El partido de los independientes: Eduardo Andrade

Publicado por
José Cárdenas

Eduardo Andrade

 

El título de esta colaboración contiene un contrasentido. Los “independientes” son, por definición, candidatos sin partido. El encabezado tampoco alude al hecho de que el perfil de varios de los aspirantes a la candidatura independiente a la Presidencia, no corresponde a la filosofía que inspira la independencia de las postulaciones que se supone deberían recaer en  personas con alto reconocimiento social y una capacidad para atraer por sí mismas la voluntad de los electores dando por sentado que tal reconocimiento proviene de actividades distintas a la política partidista y no del aprovechamiento de la popularidad obtenida por su militancia en un partido, como ocurre en los casos de Margarita Zavala, Jaime Ramírez alias “El Bronco” y Armando Ríos Pitter a quien le apodan  “Jaguar” con esta moda de sobrenombrar a los aspirantes en un afán de popularizarlos, pero que no ayuda a elevar el nivel de la política. No me imagino a un dignatario extranjero recibido en Los Pinos dirigiéndose al “Señor Bronco” o al “Señor Jaguar”, aunque quizá lo hacen para no quedar atrás del “Señor Peje”.

Pero a lo que voy es a resaltar las inconsecuencias que encierra la propuesta de Ríos Pitter de que los independientes se organicen de modo que todos apoyen a uno solo de ellos a fin de incrementar sus posibilidades de triunfo. Esa propuesta implica en la práctica la formación de un partido. Hemos dicho que lo que identifica a un candidato independiente es precisamente el imán de su personalidad para convencer al electorado de que él o ella en lo individual tienen la capacidad para conducir al país. Renunciar a esa aspiración como parte de una agrupación destinada a lanzar al candidato que se estime más viable, significa varias incongruencias: primera, actuar como asociación cuyo objeto es sacar adelante una postulación y además concertar un programa de gobierno cuyos términos tendrán que convenirse entre ellos para presentarse al electorado. Esto ya supone un procedimiento de agregación de intereses típico de un partido. La ciencia política considera que los partidos tienen funciones que los caracterizan, entre ellas una fundamental: la presentación de candidatos para las elecciones. Otra característica es la de ofrecer a los ciudadanos un marco ideológico y una propuesta programática. Las anteriores características se encontrarían en la configuración propuesta por Armando Ríos Pitter .

La segunda es que requieren contar con un organización que la propia ley impone y en la que seguramente intervendrían aquellos aspirantes que hubiesen declinado. De por sí toda candidatura independiente se asimila a un pequeño partido, pero si varios aspirantes se ponen de acuerdo para impulsar a uno, se evidencia en mayor medida la conformación de una agrupación típicamente partidista.

La tercera es que deberán realizar negociaciones entre ellos para convenir los puestos a ofrecer en el eventual gobierno del ganador, a aquellos que se retirasen a fin de unificar la postulación. Difícilmente podría esperarse un tipo de altruismo, totalmente ajeno a la política, por el cual quienes dejasen el espacio simplemente se retiraran a su casa y ni siquiera supervisaran la campaña que ayudaron a construir.

La cuarta es que en el caso concreto estaríamos en presencia de una mixtura ideológica que va más allá de las mezclas antinaturales que hemos presenciado en las coaliciones partidistas porque tendríamos mínimamente a una exmilitante del PAN que no ha renunciado a su ideología, sólo a su pertenencia el partido; por otro lado un experredista que no ha manifestado que ahora se declare partidario de la derecha y un  expriísta que pragmáticamente obtuvo el gobierno de Nuevo León pero que no ha definido una posición distinta a su antiguo priismo, de manera que sería una extraña combinación de panismo, perredismo y priismo, sin contar con la participación de otros posibles aspirantes que se unieran al proyecto aunque no hubieran alcanzado la totalidad de las firmas, todo lo cual produciría  un coctel aún más inverosímil.

La quinta sería consecuencia de la anterior: una especie de traición a aquellos que  apoyaron las candidaturas abandonadas. Aunque extrañamente se piensa que una suscripción de apoyo no compromete el voto y eso es jurídicamente cierto, éticamente debería entenderse que quien firma a favor de un candidato independiente es porque simpatiza con él y su programa. Si al final de cuentas quien suscribió el proyecto de un aspirante encuentra que este cedió su lugar a alguien que no le simpatiza y entró a una negociación que jamás hubiera admitido, la situación se parece a la de aquellos militantes que se sienten traicionados si su partido se une a otro con el que no comparte principios ideológicos En conclusión, el acuerdo para lanzar a un solo candidato independiente reúne los mismos elementos que aparecen en la configuración de partidos…con un incremento de los vicios que se les atribuyen.

eduardoandrade1948@gmail.com

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José Cárdenas