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Siria, genocidio sin fin

Publicado por
José Cárdenas

Andares Políticos

Benjamín Torres Uballe

 

 

 

A unos días de que el mundo occidental celebre la Navidad —entre euforia, abrazos, buenos deseos,  viandas y vinos en rededor de una mesa con la compañía de familia y amigos—, muchos seres humanos viven en Siria una profunda crisis de dimensiones devastadoras. La tragedia es una de las más inhumanas y se podría comparar incluso con el Holocausto judío. Tal es la cantidad de dolor.

Las imágenes que nos llegan todos los días, a través de los diversos medios de comunicación, ilustran el infierno de las familias sirias que aún permanecen en las ruinas de una nación otrora orgullosa de su gloria histórica. Ese invaluable patrimonio mundial agoniza hoy junto con su pueblo, víctimas de un despreciable dictadorzuelo y la voracidad de Estados Unidos y Rusia.

El conjunto de intereses en disputa por ambas potencias sobrepasa el valor de las vidas humanas. Los ataques aéreos o con artillería pesada se aplican sin importar si se trata de zonas residenciales, hospitales o escuelas. La masacre ha causado miles de muertes, destrozado familias, dejado muchos huérfanos a los que nadie ampara, y pauperizado la economía siria. Pero eso a nadie interesa.

Instancias internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), no han servido para absolutamente nada, pues más allá de “condenar” lo que sucede en esa región, su papel ha sido absolutamente inútil e intrascendente para detener los ríos de sangre, que son una vergüenza total para la humanidad entera. A gobiernos y sociedad en el mundo pareciera un asunto ajeno.

Ningún país desea enemistarse con los rusos o estadunidenses y permanecen en un silencio cómplice con la vista hacia otras latitudes. Mientras tanto, miles de sirios huyen de la barbarie como pueden. No son pocos los que han perdido la vida al intentar cruzar el mediterráneo. Quienes consiguen hacerlo, se encuentran con otro panorama desolador: el rechazo de los europeos a recibirlos. Xenofobia, discriminación y marginación es la bienvenida común.

Siria tiene, paradójicamente, la desgracia de poseer una ubicación estratégica en el oriente próximo, de ahí la sangrienta disputa que sostienen Estados Unidos y Rusia por su control, la cual  ya ha provocado la muerte de más de 300 mil personas y el éxodo de otras 4.5 millones, desde que inició el conflicto en el 2011, según cálculos de organizaciones internacionales y humanitarias.

Y no hay duda alguna: en Siria se registran muertes contra la población que son auténticos crímenes de lesa humanidad. Nadie puede objetar lo contrario. La sangre inocente de niños, mujeres y ancianos son testimonio indeleble de una de las peores crueldades que ha registrado la humanidad. Bashar al Asad es el demonio mismo, quien está aniquilando a su propio pueblo apoyado por Rusia, también lo hace Estados Unidos, junto con sus respectivos aliados y las potencias regionales.

Imaginar cómo será la época navideña en Estados Unidos no cuesta ningún trabajo. Es una sociedad en la que impera el consumismo, donde el tener es el camino obligado para ser. Panorama muy diferente el que pasarán millares de sirios refugiados en tierras ajenas y el de aquellos que no han podido escapar aún del horror de la destrucción de Bashar al Asad y sus bestias apocalípticas. Dolor, tristeza y penurias recibirán los expulsados por la guerra.

Mientras escribo esta columna, el sábado 17 de diciembre, justo una semana antes de la Noche Buena, las compras están a todo lo que dan. En los centros comerciales es imposible dar un paso. La gente busca desesperadamente el regalo para los seres queridos y los insumos para elaborar la cena navideña. Pienso en que todos tenemos el derecho inalienable a disfrutar la maravillosa época de fin de año, pero por unos momentos reflexiono en el hecho de que los sirios también tienen ese derecho. No obstante, la gran mayoría no podrá hacerlo. Están fuera de casa.

Otro año está por concluir y la esperanza para millones de sirios no existe. Todo para ellos asemeja  una utopía. El cese de la guerra, de la devastación de su país, de que el dictadorzuelo que exterminó a muchos de sus connacionales pague por sus crímenes, volver al hogar, parece muy distante. La realidad es que el genocidio continúa y todo indica que no tiene fin. Dolorosamente, es una realidad.

Que pasen todos ustedes, queridos lectores, la mejor de las navidades con la gente que aman. Gracias por el valioso tiempo que dedicaron en este año a leer Andares Políticos. Lo mejor para el 2017. Aquí nos encontraremos el lunes 9 de enero —si Dios no dispone otra cosa—.

@BTU15

 

 

 

 

 

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José Cárdenas