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El riesgo de una contingencia ambiental

Publicado por
Aletia Molina

La vida en las grandes ciudades, sin duda tiene muchas ventajas, pero también cuando los asentamientos humanos han crecido desmesuradamente y sin control a la par que los vehículos que necesitan para trasladarse y los servicios y productos han incrementado su producción, viene otro gran problema que pone en riesgo la salud de todos: la contaminación ambiental.

De una u otra forma, los contaminantes ambientales dañan la salud de todos dependiendo del nivel de exposición a ellos y la condición física de las personas.

La contaminación del aire es un problema muchas veces olvidado, la gente se “acostumbra” a él y solamente reacciona ante una contingencia, debido a que cambia en ese momento la forma en que tiene que trasladarse y tomar medidas preventivas para evitar enfermedades, sobre todo las de tipo respiratorio. Lo malo es que pasada la contingencia las personas siguen utilizando sus vehículos aunque sea en distancias cortas, tirando basura en las calles, fumando y las industrias vuelven a elevar sus niveles de emisión de gases contaminantes, olvidando que el ambiente sí conserva muchos de estos que son los causantes ahora del calentamiento global y de los cambios climáticos que tantas vidas están cobrando en todo el mundo.

La gente respira alrededor de 10 ml de aire por día, por consiguiente, el pulmón recibe dosis significativas de muchos contaminantes del aire, desde plomo y ozono, hasta materia fecal.

De acuerdo con la OMS, las muertes por contaminación atmosférica  estima que en 2012 se produjeron 3,7 millones de muertes a causa de fuentes urbanas y rurales en todo el mundo – desglose por enfermedad:

40% – cardiopatía isquémica;

40% – accidente cerebrovascular;

11% – neumopatía obstructiva crónica;

6% – cáncer de pulmón  y

3% – infección aguda de las vías respiratorias inferiores en los niños.

Muertes debidas a la contaminación del aire de interiores – desglose por enfermedad:

34% – accidente cerebrovascular;

26% – cardiopatía isquémica;

22% – neumopatía obstructiva crónica;

12% – infección aguda de las vías respiratorias inferiores en los niños; y

6% – cáncer de pulmón;

Entre las reacciones inmediatas a la contaminación ambiental están:

– Las reacciones alérgicas, que se manifiestan con tos o estornudos, irritación de los ojos debido al ozono y partículas suspendidas, comezón en la piel y resequedad de las mucosas lo que favorece el desarrollo de enfermedades como la gripa, influenza y otras respiratorias.

– Agotamiento físico que se refleja en cansancio, baja productividad laboral y escolar, así como sensación de pesadez, irritabilidad, insomnio o somnolencia durante el día, ansiedad e incluso mareos.

– También se presentan aumento en los síntomas relacionados a enfermedades específicas que ya padecen algunas personas, como enfisema pulmonar, cáncer, problemas digestivos, vasculares o cardíacos, y disminución de la capacidad de la sangre para transportar oxígeno y nutrimentos a todo el organismo.

– Recientemente, la OMS declaró a la contaminación ambiental como cancerígena, principalmente de órganos como el pulmón o la vejiga.

Por todos estos problemas, las naciones deben hacer lo suyo para evitar mayor daño al planeta evitando al máximo la emisión de contaminantes, pero cada persona en particular puede contribuir con acciones que se realicen todo el tiempo y el todos los lugares para ser efectivas, entre ellas están:

– Afinar y dar mantenimiento a los automóviles evitando su uso lo más que se pueda.

– Evitar la quema de basura y llantas, así como el uso de cohetes artificiales.

– Evitar comprar artículos desechables y plásticos que no son biodegradables.

– Reciclar la basura.

– No arrojar basura en la calle, bosques y parques, envolverla o taparla bien en la casa.

– Usar racionalmente los plaguicidas.

– Evitar el consumo de tabaco.

– Cuidar los bosques, no provocar incendios ni destruir las zonas verdes de la ciudad.

– Posponer las tareas de jardinería que requieran el uso de herramientas a gasolina en días de alto nivel de ozono.

– Restringir la limpieza en seco.

– Evitar el uso de pinturas, aceites y solventes en días de alta concentración de ozono.

– Reducir el consumo de electricidad, lo cual contribuirá a disminuir las emanaciones de contaminantes y partículas.

– Prender el carbón de leña con un encendedor eléctrico en vez de hacerlo con combustible líquido.

– Aplicar el poder de las 3 Erres: Reduce-Reutiliza-Recicla. Un menor consumo redundará en menor contaminación atmosférica de todo tipo.

Fuente: Crónica

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Aletia Molina