Categorías: Tecnología

Un guante, posible solución a los temblores del párkinson

Publicado por
Aletia Molina

El tratamiento alternativo sin fármacos para los temblores que provoca el mal de Parkinson podría estar cerca… y en forma de guante.

Actualmente no hay cura para el mal de Parkinson, un trastorno neurológico degenerativo que se estima que afecta a entre siete y diez millones de personas en todo el mundo, según la Parkinson’s Disease Foundation.

El trastorno se manifiesta principalmente a través de temblores que suelen causar que las manos tiemblen sin control y afectan la vida diaria de quienes lo padecen.

Aunque los medicamentos son un tratamiento temprano válido, su eficacia disminuye progresivamente y tienen varios efectos secundarios.

La propuesta de GyroGlove consiste en el uso de las leyes de la física (más que en la química) para estabilizar la mano del paciente y controlar los temblores por medios mecánicos.

Se espera que sirva no solo para el mal de Parkinson, sino también para los temblores esenciales, un trastorno ocho veces más común que el párkinson, según la Fundación Internacional para los Temblores Esenciales.

«Se siente como si la mano se moviera a través de melaza densa», explica Faii Ong, joven de 26 años que fundó GyroGear. «Significa que puedes hacer movimientos suaves y lentos y que cualquier temblor fino se contrarresta automática e instantáneamente. Puedes hacer lo que tengas qué hacer: preparar tu café, cocinar, esa clase de cosas».

El guante funciona de acuerdo a un concepto asombrosamente sencillo: una cubierta giratoria que ayuda a estabilizar la mano del usuario.

Las cubiertas giratorias se mantienen rectas al girar ya que convierten el momento angular. Esto significa que se resisten a cualquier fuerza que se aplique (tal como los temblores) de forma inmediata y proporcional.

«Eso es exactamente lo que estamos haciendo con el guante, solo que lo estamos llevando más allá. Hacemos que el disco gire más rápido que la turbina de un jet, a unas 20,000 rpm, y eso lo acoplamos directamente a la mano», explicó Ong.

Como estudiante de Medicina, Ong fue testigo de los efectos debilitantes de los temblores y sintió la necesidad de encontrar una solución luego de ver a una mujer que tenía dificultades para comer.

«Ella trataba de beber su sopa y luego derramó todo. Pasé la siguiente media hora limpiándola y les pregunté a las enfermeras por qué no hacían nada. Ellas dijeron que debido a su estado, no había nada qué hacer por ella».

Sin desanimarse, Ong fundó GyroGear a principios de 2015. El equipo se compone de estudiantes y graduados voluntarios, especialistas en ingeniería eléctrica, mecánica y biológica.

«Todo esto ha sido posible gracias al equipo… Es una buena combinación», dice Ong, quien acaba de graduarse de la escuela de Medicina.

Hasta ahora, los miembros del equipo habían aportado sus propios recursos para el desarrollo del dispositivo, pero se ha contado con el apoyo del Imperial College de Londres y de Tony Young, Director Clínico Nacional del Servicio Nacional de Salud de Reino Unido. El equipo también ganó un financiamiento de 10,000 libras de parte de F Factor, una empresa emergente de tecnología a cargo de Simon Cowell.

Aunque hay algunos productos en el mercado para las personas que padecen temblores (tales como cucharas, plumas o tazas especiales), no hay mucho que pueda considerarse una solución universal.

«De hecho, construimos un aparato que simulaba temblores de mano muy intensos. Logramos una reducción del 90% en los temblores. Y esa fue solo una prueba», dijo Ong.

Aunque el objetivo principal son los pacientes que tienen temblores, Ong también cree que el guante puede usarse para la arquería, la fotografía y para la práctica médica gracias a su capacidad de estabilizar las manos.

«Muchos cirujanos han mostrado interés», agrega. Por ahora, el objetivo sigue siendo decirles adiós a los temblores.

Ong relató el momento en el que una mujer de 71 años que había padecido temblores esenciales desde hace cuarenta años probó el dispositivo por primera vez.

«Aún con nuestro prototipo más sencillo, que actualmente tiene unos cuatro o cinco meses de antigüedad, pudo tomar una botella de agua… cosa que suele ser asunto de dos manos en uno de sus días buenos. Fue un momento hermoso porque representó un punto en el que pudimos decir que sí, todo ese esfuerzo ha valido la pena».

Fuente: CNN

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Aletia Molina