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Ecatepec se prepara para recibir al Santo Padre

Publicado por
Aletia Molina

La calle que corre a un costado del enorme llano (45 hectáreas) que se acondiciona para recibir a 300 mil feligreses y al papa Francisco el próximo domingo, es la última con pavimento.

En las arterias de atrás y a los costados, en la colonia Jardines de Morelos, prevalece el paisaje de las orillas del México pobre e insalubre: ningún pavimento, casas destartaladas, viejos vehículos con llantas ponchadas, niños que juegan con triciclos de otra época y mujeres que acarrean agua en cubetas y garrafones.

Pero esa avenida, al menos estos días, es la reina de los privilegios. No sólo les dieron una manita de gato a todas las fachadas con pintura de color durazno, sino que todas las mañanas, antes de la hora de las tolvaneras, pasan pipas de agua regando a grandes chorros para apaciguar el polvo del tepetate recién puesto.

Rosa María Romero se asoma a la ventanilla de su tendajón, se acomoda y casi cierra los ojos embelesada. ‘‘Es el olor a tierra mojada’’, dice. El olor, tan raro en estos páramos generalmente malolientes, la transporta. Su tendajón se llama Los Arbolitos, porque su dueña se esmeró por hacer crecer en su acera un esforzado pino, deforme y cubierto de polvo. Y un ficus escuálido, aferrado a la tierra reseca. Son la única vegetación viviente en muchas cuadras a la redonda.

La doña de la tienda no es la única dichosa. Su vecina ha salido con toda la prole. Los niños se prenden, ávidos de curiosidad, de la nueva alambrada doble, con espirales de púas y toda la cosa, para observar el incesante movimiento de camiones de volteo que llegan cargados de material para rellenar, emparejar y adecentar la árida e insalubre superficie de lo que llaman El Caracol, el vaso disecado del lago de Texcoco, que por décadas no produjo más que salitre, salmuera, tequesquite, productos que fueron explotados por la empresa Sosa Texcoco hasta su cierre.

Para los asentamientos de los alrededores lo que se producía, y se sigue produciendo, son unas tolvaneras épicas y una permanente contaminación de residuos tóxicos y partículas de sosa cáustica. La temporada de los remolinos de polvo, que se levantan como tornados, son precisamente febrero y marzo.

La dicha es casi total para los niños de la vecina, porque además del espectáculo de los camiones de volteo han tenido movimiento de helicópteros toda la mañana: Policía Federal, estatal, municipal, Ejército; incluso un contingente de la afamada Guardia Suiza y de la Gendarmería del Vaticano, que supervisan las condiciones de seguridad para la exposición del Papa ante la multitud que sin duda se congregará. Hasta el secretario de Gobierno, el número dos del Edomex, José Manzur, aterriza en la explanada para hacer presencia.

Frente al tendajón pasa, cubierto de polvo, un vendedor ambulante que encontró un fantástico nicho de oportunidad para estos días. Vende crucifijos y espera colocar varios de los que lleva en su costal en las casas de los alrededores, donde quizá sus dueños puedan alcanzar una porción de la bendición papal. Con sus cristos crucificados, el hombre se pierde por las calles envueltas en la nube parda del mediodía.

Sobre esa misma calle vive doña Delfina. Todos sus vecinos tendrán un mirador excepcional este domingo, pues desde sus modestas azoteas se puede apreciar el gran altar techado donde el argentino Bergoglio oficiará la misa a las 11.30 de la mañana. Incluso se mira la rampa que conducirá al pontífice hasta el templete elevado. Los asistentes podrán ingresar al sitio a la una de la mañana del domingo. La espera será muy larga. Pero ella y sus nietos (y las gallinas, el guajolote y los perros que habitan la azotea) tendrán todo el espectáculo a sus pies.

Ecatepec, uno de los municipios más poblados del país, cuenta con más de un millón 600 mil habitantes. El domingo casi duplicará ese número. Se espera que será inundado y desbordado de visitantes de Neza, Tecamac, Acolman, Tlalnepantla, Naucalpan, Atenco, Texcoco. Se prevé que a lo largo de los ocho kilómetros que recorrerá el papamóvil, desde el helipuerto Ballisco, se desplieguen cerca de 2 millones de personas para ver pasar al jefe de la Iglesia católica.

Frente a la Plaza de las Américas, este jueves a mediodía los docentes del sindicato mexiquense de trabajadores de la educación pública ensayan sus porras y sus mosaicos. Una cumbia los anima: ‘‘Que se escuche la felicidad’’. Algo parecido al acarreo en el que participará buena parte de la burocracia local.

Felicidad de un día. En el horizonte, más allá de las 45 hectáreas de los terrenos que son propiedad federal, de la Conagua y de los incansables ejidatarios de San Salvador Atenco, se vislumbran los futuros conflictos por la tierra y el agua, en los territorios que serán arrasados por la especulación que desatará el proyecto mimado de la administración del mexiquense Enrique Peña Nieto: el nuevo aeropuerto internacional.

Fuente: La Jornada

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Aletia Molina