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Blockchain, la tecnología que enloquece a la banca

Publicado por
Aletia Molina

En las últimas semanas, en cualquier reunión con banquero o bancario medianamente informado que uno mantuviera, aparecía, más antes que después, como tema inevitable de conversación el ‘blockchain’, la tecnología detrás de ‘monedas’ como bitcoin que, en opinión de muchos de esos interlocutores, está llamada a revolucionar el mundo de la banca.

Y no únicamente en el mundo de las finanzas.

Dado el entorno de bajos tipos de interés y presión regulatoria, su capacidad de conectar de forma directa y segura, mediante criptografía, a las distintas entidades financieras, con el correspondiente aumento de velocidad de ejecución y ahorro de costes de intermediación y registro, ha sido visto por muchas casas señeras como un maná que puede aliviar, siquiera parcialmente, la escasez estructural de rentabilidad de algunas áreas de su negocio (y como nueva excusa para reducir plantilla, claro está).

Así, en un primer cálculo, Santander habló de un ahorro sectorial de 20.000 millones de dólares, mientras que para UBS los tiempos de transacción se pueden acortan hasta en un 99,995%, minorando de esta manera su consumo de capital y mejorando la experiencia del cliente, cuantitativamente, en rapidez y, cualitativamente, por el aumento de la transparencia.

Sin embargo, un informe publicado al alimón tanto por Oliver Wyman -sí, el de los ‘stress tests’- y Euroclear -uno de los más damnificados en el supuesto de su implantación generalizada en el negocio de acciones y bonos- ha echado un jarro de agua fría no tanto a su potencial cuanto al tiempo que tardará en producirse su definitiva generalización, horizonte que alargan a 10 años vista.

Un pronóstico que choca con el trabajo que, sobre el terreno, está realizando ya una parte significativa de la industria.

Por más que, sin duda, hay interés de parte en la predicción de los promotores del documento, lo cierto es que la complejidad de las redes actuales de la banca, la necesidad de dotar de estabilidad al nuevo sistema o la imposibilidad de su puesta en funcionamiento sin una regulación ‘ad hoc’ que proteja a sus usuarios pueden operar en contra de su ocupación rápida de espacios y, efectivamente, retrasar su implantación un lustro, plazo que es donde se sitúa el consenso del sector.

Pero puede que haya otra razón de mucho más peso.

Citigroup ha sido el primero de los grandes en señalar cómo su implantación masiva puede suponer la puntilla definitiva al negocio de la banca. No en vano, el ‘software’ ‘blockchain’ facilita la desintermediación, algo que antes o después puede afectar al papel de las propias instituciones financieras, que no son, en definitiva, sino mediadoras entre ahorro e inversión. Podrían llegar a ser consideradas como prescindibles. Pero no solo eso: en la medida en que el valor añadido se concentra en los extremos de la cadena y no en la propia infraestructura, sin una estrategia comercial adecuada, el retorno intrínseco de la actividad puede deteriorarse rápidamente y desplazarse hacia nuevos actores, como ya ocurrió en el caso de las ‘telcos’.

Siendo así, el incentivo para acelerar su progreso desaparecería, al menos, hasta que se encontrara el equilibrio entre oportunidad y riesgo.

Sea como fuere, J.P. Morgan, el mayor banco por activos de Estados Unidos, está trabajando en proyectos específicos que buscan utilizar esta tecnología para resolver problemas específicos de su operativa diaria, como la falta de ajuste entre ventas de carteras de préstamos y el vencimiento de los mismos, con resultados notables.

De momento, una gota en el mar. ¿Irá poquito a poco convirtiéndose en océano?

Lo que sí les aseguro es que se van a hartar de oír hablar de esto.

Fuente: El Confidencial

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Aletia Molina