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Primero y Diez: El virtuosismo de un Hombre

Publicado por
Héctor García

Por Bolivar Roblero

Cuenta la leyenda que aquel miércoles 20 de Agosto de 1882 PIOTR ILICH TCHAIKOVSKY regresó a su casa con un amargo sabor de boca, el estreno de la “SOLEMNE OBERTURA 1812” no había sido lo que su autor esperaba.

Dos años atrás El Zar ALEJANDRO II encargó a TCHAIKOVSKY una pieza musical especial que conmemorara el 25 aniversario de su coronación y al mismo tiempo el 60 aniversario de la heroica defensa rusa a la invasión Napoleónica de 1812.

El Genio se había tomado apenas 6 semanas en componerla; la primera parte conformada por cantos gregorianos, que pretenden describir el momento en que en las iglesias se da a conocer el peligro al que se enfrenta la patria con la invasión; la segunda parte con LA MARSELLESA de tema central describe el implacable avance Napoleónico, que hacia el final de la obra se va diluyendo en medio de 5 cañonazos y va dando pie a una melodía del folklore ruso, que se impone a la MARSELLESA  como símbolo de la derrota Napoleónica, y finalmente la victoria completa con el repique de campanas y los 12 cañonazos finales con los que concluye majestuosamente  la OBERTURA.

La obra se interpretó por vez primera en la plaza del KREMLIN  y se planeó que  cañones detonaran al ritmo de la música y las campanas de las iglesias de MOSCÚ repicaran, lo que fue un reto técnico imposible de superar, por lo que THCHAIKOVSKY abandonó la plaza pensando que lo que había compuesto era “una soberana porquería”.

133 años después “LA OBERTURA 1812” es una de las piezas más celebradas de la música clásica, a despecho de lo que pensaba el propio TCHAIKOVSKY.

Igual que el maestro ruso, un joven bajito y debilucho, llegó a dudar de que tuviera las cualidades para jugar al Futbol Americano en la NFL, su nombre JOHNNY UNITAS. Huérfano de padre desde muy temprana edad el pequeño se dedicaba a recolectar carbón para ayudar a su madre con los gastos de la casa, quiso entrar a NOTRE DAMME y PITTSBURGH STATE, pero fue rechazado por ambas instituciones, por lo que optó por acudir a la Universidad de Louisville de la que egresó en 1955 para participar en el DRAFT de aquél año, UNITAS se había “apalabrado” con CLEVELAND, pero antes llegaron los ACEREROS y lo tomaron, sólo para cortarlo a las pocas semanas sin darle siquiera la posibilidad de jugar, el joven volvió de nueva cuenta hacia CLEVELAND, pero los CAFÉS ya tenían QB. UNITAS se quedó sin equipo y todo ese año, lo destinó a jugar a nivel semi profesional, cobrando 6 dólares por partido jugado, parecía que no habría posibilidad alguna para el joven UNITAS, hasta que BALTIMORE volteó a mirarlo y se le ocurrió que el debilucho jovencito podría ser un segundo o tercer QB por lo que lo firmó.

La suerte comenzó a cambiar para JOHNNY en aquel 1956, durante un juego entre los COLTS y los BEARS, el Mariscal titular de Baltimore GEORGE SHAW se fracturó una pierna y UNITAS fue llamado a ocupar su lugar, puesto que ya nunca más dejaría escapar, dos años después dirigiría los destinos de los COLTS para ganar su primer campeonato en 1958, frente a unos temibles GIGANTES de Nueva York que tenían en las laterales a VINCE LOMBARDI y TOM LANDRY ¡nada más!.  El derroche de talento y pundonor que puso UNITAS y que contagio a sus compañeros de equipo han hecho que ese partido sea recordado como “THE GREATEST GAME EVER PLAYED” (el juego más grande que se ha jugado).

Con JOHNNY UNITAS bajo el centro BALTIMORE se convirtió en potencia de la NFL, repitiendo campeonato en 1959 y perdiendo la final en 1964. 5 años después volverían a la final para jugar el SUPERBOWL III, contra los JETS de JOE NAMATH, donde eran claros favoritos, pero cayeron de manera inesperada ante unos aguerridos JETS 16 a 7. UNITAS no se conformó y 2 años después  volvieron al SUPERBOWL  V   en  donde esta vez derrotaron a los VAQUEROS de Dallas 16 a 13, para llevarse ese campeonato, que “consideraban suyo” dese 1969.

Sin duda hubo momentos muy negros en el panorama de JOHNNY UNITAS, lo mismo que en el de PIOTR ILICH TCHAIKOVSKY, pero el tiempo se ha encargado de colocar a ambos en el sitio de honor que merecen como grandes genios cada uno en su rama.

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Héctor García