Sábado , Julio 22 2017
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“Sin autodefensas, los cárteles reinan de nuevo”

Miles de muertos después, desmadejado el poderoso cártel, presos o sometidos la mayoría de los jefes de las autodefensas, en la Tierra Caliente de Michoacán las cosas están más o menos como cuando comenzaron.

Hace cuatro años, dos pueblos se alzaron en armas en contra de Los caballeros templarios. En Tepalcatepec, las nacientes autodefensas –auspiciadas y organizadas por el mismo gobierno para terminar con la “dictadura de los criminales, según el párroco José Luis Segura Barragán– aprovecharon una reunión de la Asociación Ganadera para atrapar al jefe de la plaza y sus secuaces. A unos 20 kilómetros de aquí, Hipólito Mora se puso una camisola con las siglas US Navy, y con su escopeta calibre 20 se hizo acompañar de cuatro paisanos con los que declaró, en la plaza pública, la expulsión de los hombres de Nazario Moreno, El Chayo. La cabecera del municipio de Buenavista los acompañó poco después.

Pero ayer la plaza de La Ruana estuvo vacía. En el pequeño pueblo todos los comercios estaban abiertos y las motocicletas iban de un lado a otro con su carga de mujeres y niños.

El único lugar donde hubo fiesta, para recordar que somos un pueblo libre, fue en Tepalcatec, donde vivía el médico José Manuel Mireles, que fue figura y vocero del movimiento, pero nunca profeta en su tierra.

Parece que quieren que se muera allá adentro, se lamentaba El Guache, amigo de Mireles, médico desde su primera juventud y su acompañante eterno en las cacerías de templarios.

Poco después, a la hora de los discursos, un par de oradores aludió al médico preso. Con cierto desgano, como por compromiso. “Pues cómo no, si ellos mismos fueron los que le pidieron a Alfredo Castillo que lo detuviera porque ‘se había ido por la libre’”, dijo Guillermo Valencia, quien era alcalde de Tepalcatepec cuando surgieron las autodefensas. Lo dijo, claro, en Buenavista, porque la última vez que visitó su pueblo “me levantaron e hicieron un simulacro de que el pueblo me quería linchar”.

La reunión para conmemorar el alzamiento tuvo lugar en la Ganadera arriba citada. Aunque invitaron a representantes de las autodefensas de 47 municipios, los asistentes no llegaron a 10, y algunos sin representación de sus comunidades.

Vamos topando

Los festejos corrieron a cargo del equipo de Juan José Farías, El Abuelo, jefe real de la autodefensa de Tepeque (como mejor se conoce a esta población), alguna vez preso por un expediente que lo señalaba como jefe local del cártel de los Valencia y pieza clave en la institucionalización de las autodefensas operada por el virrey Alfredo Castillo.

A pesar de que los discursos tienen un tono antigubernamental (de hecho, la reunión fue convocada para examinar los incumplimientos del gobierno y quejarse de la actuación del Ejército), figuró como invitada de honor la sicóloga Emilse Arrue, colaboradora esencial de Castillo, quien se encargó de la selección de los autodefensas que integraron la llamada Fuerza Rural.

Arrue, ciudadana cubana, dijo que ya no trabaja para Castillo ni para ninguno de los funcionarios que el ex comisionado heredó al gobierno de Michoacán, que ha regresado a su consulta privada y llegó al cargo que ocupó por su experiencia como reclutadora de jóvenes campesinos de Cuba para las guerras en el continente africano.

En una breve conversación, la sicóloga reveló un conocimiento detallado de los personajes de la saga de las autodefensas. Tan es así que pronto verá la luz un libro de su autoría con el título Vamos topando, en el que vierte, dijo, lo que aprendí de ellos.

Una historia necesariamente inconclusa, claro, porque grupos de autodefensa sobreviven en varias regiones de Michoacán y sus dirigentes aseguran que es cuestión de tiempo su resurgimiento, no sólo porque en los índices delictivos Michoacán sigue en los primeros lugares, sino porque han regresado los cobros de cuotas, los despojos y las extorsiones.

La fiesta de El Abuelo

En La Ruana, Hipólito Mora se dejó ver poco. Si acaso, para una entrevista de televisión dado su gusto por los reflectores. Sus seguidores han escuchado los rumores que corrieron por aquí desde hace una semana, unos en el sentido de que los grupos delincuenciales que sustituyeron a los templarios se aprestaban a recobrar Tepalcatepec, y otros que aseguraban que se prepara un nuevo alzamiento de las autodefensas.

No creo, ¿quién lo va a seguir? Si ya hasta le quitaron parte de su escolta, se lamentaba un joven simpatizante de Hipólito.

El contraste fue El Abuelo, que partió plaza en una fiesta que comenzó con birria y discursos, y siguió con marcha, misa, pirotecnia y baile, todo gratis. El festejo fue ocasión para que una parte del pueblo manifestara de nueva cuenta su respaldo a los Farías, pero también para que los adinerados del lugar lucieran sus caballos finos.

Los voceros de Tepeque insisten en que su municipio es un oasis de paz y seguridad, prácticamente sin delincuencia. Los malosos, aseguran, se han reagrupado en los municipios colindantes y en todo el estado, y por eso los de Tepeque tienen vedado el paso por Apatzingán, la ciudad más importante de la región que nunca pudimos limpiar.

Eso del oasis es relativo. Hace apenas seis meses, El Abuelo sobrevivió a un atentado. Un balazo bien dado y unos rozones, señaló uno de sus colaboradores. No corrió la misma suerte un sobrino de Farías, un niño de ocho años que murió a causa de las heridas.

A pesar de que eran rumores, el gobierno federal tomó sus previsiones. Desde hace unos cinco días, según pobladores, se multiplicaron los retenes de militares y policías federales. Todas las entradas y salidas de la población fueron puestas bajo control. Ayer doblaron el personal en los puestos de revisión.

Fue un día de mucho movimiento. Por ser viernes de fiesta y porque los nuevos dueños del limón que usted consume sólo permiten el corte los viernes y los lunes. La carretera que conduce a Apatzingán se llenó todo el día de camionetas de redilas cargadas de jornaleros. Antes del amanecer rumbo a las huertas y luego a los puntos donde los dejan para que caminen a sus casas.

Los limones que todos chupamos

En el tianguis limonero de Apatzingán, la mafia en turno –los templarios fueron sustituidos por los H3, El Burrito Alvarado o el que usted guste– ha vuelto a imponer su ley: fija cuántos días y cuántas horas se puede cortar, señala el precio y cobra 10 centavos por kilo (hay que echar números, partiendo de que Michoacán cultiva 35 por ciento de la producción nacional).

Los acuerdos que tomamos con Alfredo Castillo no se cumplieron, dijo la víspera de la fiesta Martín Barragán, uno de los jefes de la autodefensa local, cercano a Farías y dirigente municipal del Partido Revolucionario Institucional. El gobierno está enfocado en decir que las autodefensas se acabaron y no en acabar a los delincuentes.

Barragán, dueño de huertas de limón, vive en el oasis de Tepalcatepec, pero tiene que pagar la cuota de 10 centavos por kilo porque vende su producto en Apatzingán.

Les damos votos y más votos y nada, se quejó Barragán, quien se preguntó además sobre los posibles acuerdos del gobierno con los sustitutos de los templarios. “Perseguimos a La Tuta, lo atrapamos. Y ahora, ¿por qué no se persigue a nadie?”

Aunque en una ocasión impidieron que su helicóptero aterrizara aquí, los voceros de Tepeque se cuidan de meterse con el gobernador Silvano Aureoles. Para el perredista –muy atareado con sus ilusiones de presidenciable–, las cosas mejoran. Hay un problema de percepción, dice sobre la inseguridad en las entrevistas que paga. Ha recorrido el estado, presume, 10 veces al derecho y al revés, y él no ve la tragedia que dicen los números oficiales.

Según el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), sólo por poner un ejemplo, el pasado enero se cometieron 228 homicidios en Michoacán, lo que colocó a la entidad en el tercer lugar nacional, sólo por debajo de Guanajuato y el estado de México.

Para contradecir a Aureoles, bastan los números del SNSP, los titulares de los medios desde que llegó al gobierno y los testimonios que se escucharon en la Asociación Ganadera.

Conviene decir que sólo llegaron representantes de los municipios de Urapicho, Cherato, Aquila (dos pueblitos), Caleta de Campos, Peribán y Tocumbo, todos ellos municipios más o menos tranquilos; menudearon las denuncias de asesinatos, levantones, amenazas y, sobre todo, la extendida preocupación de que desde las poblaciones vecinas los están cercando y más temprano que tarde deberán enfrentar a los grupos delincuenciales que remplazaron a los poderosos templarios.

La preocupación de los voceros de Tepalcatepec tuvo nombre. Pidieron diálogo con los gobiernos estatal y federal, pero centraron sus quejas en el Ejército. La profesora Beatriz Sandoval, La Ticha, se lanzó contra el gobierno militar, al que acusó de proteger acciones irregulares de la policía del vecino Buenavista. El coronel que está aquí nos sueña, nos ve hasta en la sopa, sostuvo, en referencia a las extendidas versiones de que Tepalcatepec es la punta de lanza del cártel de Jalisco.

Las autodefensas de Tepeque conocen sus puntos débiles. Invitaron a la prensa y retaron, como Martín Barragán: “Aquí los templarios se llevaban 30 millones de pesos al mes (sin contar las cuotas de las mineras canadienses y chinas). Ahora no se cobra piso, aquí no hay cárteles, como dicen por ahí, y eso se los podemos demostrar a la hora que gusten y como gusten”.

Fuente: La Jornada

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