Lunes , Julio 24 2017
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¿Es tan difícil de entender?

navejaJuan María Naveja 

 

 

 

 

El problema del gasolinazo está en lo que el gobierno no supo, no quiso o no pudo hacer.

Especialistas serios, voceros oficiales y oficiosos insisten en que era indispensable el aumento a los combustibles; eso no está en discusión, se demuestra fácilmente con la caída del peso y los vaivenes en los precios del petróleo; el tema es el sacrificio que el gobierno no quiere hacer y se lo traslada a la sociedad.

Se calcula que en el incremento de enero cada litro de gasolina se lleva 6 pesos en impuestos, mismos que se pudieron evitar con ajustes al gasto público, como demostró el INE y los ahorros que debió promover Hacienda para quitar el IEPS.

El problema petrolero de México es de raíz, de concepción; las bondades que se buscaron con la nacionalización se tornaron en populismo, corrupción y exceso.

No hubo proyecto estratégico que llevara a la constante modernización del sector; por el contrario, se gastó como si no se fuera a acabar.

Se dejó crecer un sindicato voraz e insensible, le dieron todo lo que pidió: concesiones, salarios, prestaciones, obras, posiciones políticas; TODO de TODO.

Otro tanto sucedió con la administración cuyos directivos y empleados han tenido sueldos y prestaciones de privilegio.

Los gobiernos, TODOS los que han pasado de 1938 a la fecha, se tiraron a la hamaca, le impusieron impuestos a Pemex y sangraron sus finanzas en lugar de desarrollar proyectos, refinerías, por ejemplo.

Los partidos políticos y los legisladores dejaron ir una y otra oportunidad para hacer las reformas a tiempo, por ejemplo en el sexenio pasado cuando los priistas en el Senado rechazaron la iniciativa del presidente Calderón, creyendo que les convenía esperar para hacerla ellos; ya se dieron cuenta de que la regaron, pudieron hacer pagar los costos al gobierno en turno.

Gobiernos y legislaturas en lugar de diversificar la economía nacional la petrolizaron, no entendieron la experiencia de la caída de los precios internacionales en los años 80 para buscar nuevas áreas de desarrollo, siguieron ordeñando los ductos.

Con el petróleo al alza en México subieron las tarifas de los combustibles, pero también cuando estuvieron a la baja, jamás una reducción como sucede en todo el mundo.

Más todavía, cayeron los precios, y el gobierno de Peña Nieto, además de subir las tarifas, le endilgó un impuesto adicional.

El gasolinazo es la obvia consecuencia de los desaciertos gubernamentales que recurrieron a la salida fácil de endosarle el costo a la sociedad por la vía de los impuestos.

En suma, la reforma energética es un acierto, tal vez pudo ser mejor, como todo en la vida. El aumento era ineludible; pero pudo ser menor, mucho menor.

El colmo ha sido la reacción del gobierno, además de lo que presupuestalmente hizo mal, su estrategia de comunicación ha sido calamitosa. Insisten con los mismos argumentos que la gente no les ha comprado y lo hacen maniatando medios que ya ordenaron a su personal cero críticas, funcionarios hasta en programas de espectáculos y una invasión de spots que sólo irritan al ciudadano. Pues no, la verdad es que no entienden.

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