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Las mejores series de 2016

Las series son humor, son drama, épica, nostalgia, denuncia y romanticismo. En el panorama del Peak TV, esta expresión que sirve para definir una televisión donde se producen más de 400 obras de ficción solamente en Estados Unidos, es imposible elegir entre todas las series de calidad emitidas en 2016. Pero intentamos hacerlo.

Los dragones de Daenerys Targaryen no son los únicos que quieren ocupar el trono y (avisamos) muchas series apreciables tienen que quedarse fuera por falta de espacio o porque no había suficientes horas en estos doce meses para verlas todas. Aquí el objetivo es que entren distintos puntos de ver la ficción, que haya cierta variedad.

Crazy ex girlfriend

Esta comedia de Rachel Bloom podría estar aquí únicamente porque la creadora se divierte (y divierte los demás) por las letras de las canciones del musical. Pero hay un mensaje mucho más potente en esta historia sobre una mujer inestable que se traslada al otro punto del país para seducir (contra toda lógica) su amor de adolescencia.

Este mensaje es (que dirían los anuncios de Dove) la belleza real. Es una historia que juega con los códigos y lugares comunes de la comedia romántica sobre una base histriónica, sorprendente y sobre todo físicamente creíble. Parece un argumento muy pobre pero es (desgraciadamente) transgresor.

Juego de tronos

Podríamos argumentar que nos esperábamos la resurrección de la sexta temporada de Juego de tronos o que el arco de Arya Stark ha sido un poquito desesperante (aunque la obra de teatro sobre los entresijos de Desembarco del Rey era un divertimento para fans muy meta). ¿Pero cómo podemos ignorar la potencia de episodios como The door, La batalla de los bastardos y Vientos de invierno?

Juego de tronos ya ha abrazado por completo que entra en la recta final del relato de George R.R. Martin. Hizo lo impensable al subir el listón de las sorpresas (¡Hodor!), el esfuerzo de producción de la batalla (y su fácil lectura moral del bien contra el mal) sentó un precedente de espectacularidad en televisión y, para rematar, el final de temporada demostraba que Weiss y Benioff pueden ser más sofisticados que nadie con ese montaje acompañado por la mejor música de Ramin Djawadi. Chapeau.

Stranger things

Hay series que están en esta lista porque estimulan nuestro cerebro, porque nos desconciertan o porque convierten el mundo en un lugar mejor (o lo intentan). Pero Stranger things está aquí (y en los primeros puestos) porque es entretenimiento del bueno y los hermanos Duffer, que escriben y dirigen la serie, se tomaron su proyecto con tanta nostalgia como seriedad.

Las referencias durante la búsqueda del pequeño Will, que desaparece en extrañas circunstancias, son bastante fáciles de cazar: el cine de John Carpenter, Steven Spielberg o Cuenta conmigo de Rob Reiner. Pero lo mejor es que los personajes, que parecen seguir los cánones de los ochenta pero se desmarcan de forma inteligente, funcionan. Y el espectador puede vivir la aventura (no porque sea nostálgica sino) porque los Duffer crean un universo tenso, divertido, entrañable y atractivo.

The people v O.J. Simpson: American crime story

La idea de producir The people v O.J. Simpson no me convencía. ¿Diez horas para contar un juicio cuyo final ya conocemos? ¿No hubiera sido mejor que Ryan Murphy rodase una película? Pues la respuesta es que no, que esta miniserie no podía tener más razón de ser. Esos noventa que creíamos superados tienen demasiado en común con el presente.

Los guionistas Scott Alexander y Larry Karaszewski supieron meter el dedo en la llaga radiografiando el sistema judicial estadounidense (y la imposibilidad de un juicio justo cuando existe la opinión pública) a partir del juicio al deportista O.J. Simpson, el desarrollo de la cultura celebrity, el racismo que tenía harta a la comunidad negra y el machismo con el que se analizaba el trabajo de Marcia Clark, interpretada por una Sarah Paulson en estado de gracia.

The girlfriend experience

Una de las interpretaciones de 2016 es la de Riley Keough, la nieta del mismísimo Elvis, en la piel de una prostituta de lujo. Pero su Christine no es tanto un análisis sórdido sobre la industria del sexo sino un estudio sobre esa mujer, que se puede interpretar tanto en clave feminista (ella domina su propia sexualidad), las dinámicas sexuales y el contexto económico actual.

Producida por Steven Soderbegh y escrita por Lodge Kerrigan y Amy Seimetz, The girlfriend experience habla de las dinámicas alrededor del (exceso de) dinero, la soledad y sobre todo habla de Christine, que no podemos situar en ninguna de las casillas más obvias. Pero tiene bastante sentido si tenemos en cuenta que Christine no es de las que da explicaciones. Ella, con su vida y con su cuerpo, hace lo que quiere.

Girls

Lena Dunham tiene una voz muy especial. Otra cosa es que sea para todos los públicos. Sea como sea, esta voz solía tener problemas para hablar alto, claro y encima con un tono sólido y sostenido. Y habíamos asumido este pequeño defecto hasta esta quinta temporada donde el egocentrismo de la autora ha cedido el protagonismo de vez en cuando tanto al resto de personajes como la dirección.

El viaje nocturno de Marnie, por ejemplo, era un episodio introspectivo, que nos permitía ver la evolución del personaje y estéticamente precioso (ese momento en el metro). Lo mismo se puede decir del episodio depresivo de Shosh. ¿Y qué decir de ese triángulo formado por Hannah, Jessa y Adam? Lena puede estar muy obsesionada con ella misma pero también tiene el don de escribir y protagonizar sentimientos sinceros.

American crime

La segunda temporada de American crime debería ser el modelo de cualquier guionista que quiera escribir una obra denuncia porque es tan insatisfactoria y compleja como la sociedad que intenta capturar con el caso de un chaval de una familia humilde, Taylor, que dice haber sido violado por un miembro del equipo de baloncesto de su elitista escuela. (Es una serie de antología y, por lo tanto, el espectador puede adentrarse directamente por la segunda temporada si tiene curiosidad).

Parece mentira que John Ridley (Doce años de esclavitud) pudiera tocar tantos palos y salir victorioso con críticas hacia el sistema educativo, la ineficacia del estado, la represión sexual, las religiones opresivas, el concepto del consentimiento y otros puntos que es mejor que el espectador descubre por sí mismo. Y, mientras deja en evidencia una sociedad de difícil solución, consigue que entiendas (que no perdones) los actos de todos los personajes.

Fuente: Vanguardia

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