Domingo , Agosto 20 2017
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Sexenio de escándalos y frivolidades

GUILLE ESPAndares Políticos

Benjamín Torres Uballe

 

 

 

Los escándalos llegaron y se convirtieron en parte intrínseca de la administración del presidente Enrique Peña Nieto. El más “célebre” es, sin duda, el de la Casa Blanca, pero el que lo bajó del pedestal y terminó con la luna de miel fue el lamentable caso Iguala, con la desaparición de los normalistas. Ambos asuntos persiguen al mandatario a todas partes, dentro y fuera del país.

Aún resuenan en la memoria colectiva otros deplorables actos realizados por funcionarios del equipo presidencial. Como David Korenfeld, a la sazón director de la Comisión Nacional del Agua, quien se vio obligado a renunciar tras ser exhibido por un ciudadano cuando usó un helicóptero de la dependencia para asuntos personales. Sólo el revuelo en las redes sociales logró su salida.

No hay que olvidar tampoco a Lady Profeco, cuya gala de prepotencia e influyentismo en un restaurante de la Ciudad de México ocasionó que despidieran a su papito, Humberto Benítez Treviño,  titular de la Procuraduría Federal del Consumidor. Nuevamente las redes sociales jugaron un papel primordial al difundir ampliamente el berrinche y abuso de la joven Andrea Benítez.

Hoy, quien está en el ojo del huracán es otro amigo del señor Presidente: Alfredo Castillo Cervantes, experto en todo y de capacidades asombrosas, pues lo mismo puede desempeñarse como procurador de Justicia del Estado de México, de asesor en la PGR, incluso ser procurador del Consumidor, o desarrollar una incuestionable tarea en el convulso Michoacán con el todopoderoso nombramiento de comisionado para la Seguridad y Desarrollo Integral. ¿Qué tal?

Sucede que don Alfredo —sí, el mismo del inverosímil caso de la niña Paulette Gebara Farah—, por méritos indiscutibles y a ese talento envidiable que posee, ahora merced a su deslumbrante trayectoria, es el director de la Comisión Nacional del Deporte (Conade), donde llegó a enfrentarse con no pocos directivos y a romper años de “inercias lesivas”. Había llegado la anhelada justicia.

Tal vez exhausto de tan agotador ajetreo en la Conade, es que este consentido de Peña Nieto decidió llevar a su masajista a la justa olímpica en Río de Janeiro (http://eluni.mx/2aNqUJJ). Es necesario un poco de comprensión para esta clase de sufridos burócratas, pues los altos salarios que perciben y las vastas prerrogativas no compensan el esfuerzo extraordinario que realizan en aras de la patria.

Por lo tanto, pretender abrumarlo con la insensata necedad de exigirle resultados puede herir sus sentimientos y tal vez de quien insiste en colocarlo en posiciones de la administración pública. Que si Castillo Cervantes se pasea románticamente con su “pareja” (por cierto que—me aclara mi amigo David Luján— sólo tienen pareja los policías, ladrones y algún futbolista), es un asunto meramente personal y no incumbe a la opinión pública. Claro, mientras no sea con cargo al erario.

Si, además, este multifuncional directivo coloca a sus amigos en altos puestos de la Conade (http://eluni.mx/2aNqUJJ), ¿qué tiene de malo? No es el único en el gobierno. El nepotismo y amiguismo son práctica común de quienes arriban a un puesto público. Entonces, no se explica uno por qué la insistencia inhumana de señalar con el dedo ese privilegio de Alfredo Castillo.

Pero una tremenda exageración sí lo es, sin duda, el increíble hecho de pedirle cuentas por los lamentables y risibles resultados de la delegación mexicana en los Juegos Olímpicos. Hombre, él sólo sigue la línea de todo político mexicano: la opacidad; la costumbre ancestral de no rendir cuentas a nadie, menos a los contribuyentes; éstos deben concretarse únicamente a pagar sus impuestos, en qué y cómo se despilfarran ése no es asunto que les incumba. Vaya insensibilidad.

Muchos son los que piden la cabeza del director de la Conade por los desastrosos resultados de nuestros atletas en Río de Janeiro. No obstante, el cumplimiento de dicha exigencia parece improbable, la protección presidencial aún pesa mucho —a pesar de los bajos niveles de aprobación ciudadanos—, y si no que le pregunten a Aurelio Nuño Mayer, que no obstante el lío que armó con la Coordinadora, ¡ahí sigue!, como secretario de Educación Pública (de papel, pero secretario al fin).

Concluirán las competencias olímpicas, se diluirá el hostigamiento en las redes sociales, los medios se ocuparán de asuntos más rentables y Alfredo Castillo continuará “sirviendo” al deporte nacional con toda su inteligencia e integridad mientras su jefe y amigo, desde Los Pinos, no le asigne otra estratégica encomienda que ayude a detonar por fin la esperada grandeza de esta sufrida nación.

El PEJE Y SUS ETERNAS DESCALIFICACIONES

No sorprende la reacción de Andrés Manuel López Obrador a la encuesta del periódico Reforma publicada el pasado domingo, que coloca en primer lugar a Margarita Zavala (PAN) con 26 por ciento de las preferencias rumbo al 2018, mientras que al tabasqueño lo ubica en segunda posición con 24 por ciento.

“La encuesta cuchareada del Reforma me hizo recordar al periódico de don Porfirio, El Imparcial, que siempre estaba en contra de opositores”, escribió ese mismo día el Rayito de esperanza en su cuenta de Twitter (@lopezobrador). ¿Alguien esperaba otra cosa del coherente señor Obrador?

@BTU15

 

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