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Pierre de Coubertin, el padre del olimpismo moderno

Gran amante de las letras y la sociología, el padre del olimpismo moderno, Pierre de Coubertin, adquirió un espíritu deportivo inusitado, que decidió concretar con la gigantesca empresa de rescatar las Olimpiadas de la Grecia clásica.

Contribuir a la educación de la juventud por medio de la actividad atlética, sin discriminación de ningún tipo y bajo el espíritu olímpico, que exige comprensión, solidaridad, amistad y fair-play (juego limpio) constituyó una parte intrínseca del Comité Olímpico Internacional (COI), desde su creación en la Universidad de la Sorbona de París, el 23 de junio de 1894.

Los delegados de 13 países que participaron en la institución del COI encontraron en la Carta Olímpica, redactada por Coubertin, el respaldo necesario para llevar a cabo una filosofía orientada a la construcción de un mundo mejor y más pacífico.

Para dirigir la entidad rectora del olimpismo fue designado el griego Demetrius Vikelas, quien tuvo las riendas del COI hasta 1896, cuando asumió la directiva Coubertin.

Pese a infinidad de obstáculos y los primitivos medios de la época, el padre del olimpismo moderno realizó una titánica labor al frente del COI, al que dedicó su vida y su fortuna personal.

Coubertin condujo los destinos del movimiento olímpico durante 26 años (1896-1916) y (1919-1925) y consiguió darle continuidad, y fortalecer la ambiciosa obra iniciada en Atenas 1896.

Entre los aportes sobresalen el símbolo olímpico, los cinco anillos entrelazados de color azul, amarillo, negro, verde y rojo que representan la unión de los cinco continentes por el deporte.

Este emblema fue presentado oficialmente durante el Congreso de París de 1914, conmemorativo del 20 Aniversario del restablecimiento de los Juegos Olímpicos, y ondeó por primera vez en Amberes-1920.

Bajo el mandato de Coubertin se desarrollaron los primeros Juegos de Invierno en Chamonix, Francia, otro avance importante en los ideales del COI.

Correspondió al conde belga Henry de Baillet-Latour recoger el legado de Coubertin y consolidarlo con nuevas iniciativas aprobadas por el COI como la participación de las mujeres en la cita estival de Ámsterdam 1928 y el encendido de la llama olímpica. Además, se estableció que el calendario de competencias no debía sobrepasar los 16 días.

De acuerdo con el criterio casi unánime de los investigadores más avezados de la historia del COI, con la muerte de Baillet-Latour en 1942 cierra la primera etapa de su impetuoso desarrollo.

La segunda época comenzaría con el ascenso a la presidencia del sueco Sigfrid Edström en 1946 y llegaría a su fin en 1980, cuando acabó el mandato del irlandés Lord Killanin, sexto titular en ejercicio.

La última fecha se inicia con la elección del español Juan Antonio Samaranch en 1980, quien conservó el liderazgo hasta el 2001, ocasión en que asumió el belga Jacques Rogge.

En el 2013 el reinado del belga llegó a su fin y su lugar lo ocupa desde entones el alemán Thomas Bach. A 112 años de la creación del COI, nadie puede negar su obra a favor de la lucha por alentar el crecimiento del deporte con el objetivo de favorecer y contribuir a un mundo de paz.

Fuente: La Prensa

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