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Televisa, ¿cuánto tiempo más “soldado del PRI y del presidente?”

GUILLE ESPAndares Políticos

Benjamín Torres Uballe

 

 

 

La tecnología es el motor del cambio. Un concepto irrefutable que dejó de ser mera teoría para convertirse en una ley de la era moderna. “Durante los últimos 300 años, la sociedad occidental se ha visto azotada por la furiosa tormenta del cambio. Y esta tormenta, lejos de menguar parece estar adquiriendo nueva fuerza”, escribió Alvin Toffler en su famoso libro El Shock del Futuro, publicado a principio de los años 70. Esto viene a colación por los cambios dados a conocer oficialmente por Televisa, aunque varios eran ya del dominio público.

Hoy, la televisora enfrenta lo que parece ser una irreversible falta de credibilidad. Alineada históricamente con el poder en turno —solidaria y convenencieramente con el PRI—, la célebre frase de Emilio Azcárraga Milmo: “Somos soldados del PRI y del presidente” definió con absoluta precisión la filosofía empresarial y personal del influyente Tigre y su consorcio.

Justamente han sido los vertiginosos cambios tecnológicos —internet, en especial—los agentes de cambio en los hábitos del consumidor. La forma en que la sociedad mexicana se informa actualmente poco se parece a la de hace una década. Las novedosas plataformas tecnológicas para comunicarse rompieron desde hace tiempo con el arcaico método oficialista para informar —que no comunicar— a través de los medios electrónicos, con Televisa a la cabeza.

Satisfacer las necesidades de una audiencia cada vez más conocedora requiere de credibilidad, oportunidad, rapidez y objetividad, pues las alternativas para obtener información ya son muy amplias a nivel nacional y mundial. Smartphones, tabletas y redes sociales revolucionaron la manera en que todos los medios deben satisfacer a un público que cada día exige mayor calidad informativa. Televisa tiene todo, excepto credibilidad  y objetividad.

Con el estrepitoso desplome de sus ratings, la empresa comandada por Emilio Azcárraga Jean intenta revertir la crisis por la que atraviesa y que se manifiesta principalmente en las áreas de noticias y deportes —en esta última el proceso de ajustes se dio hace algunas semanas—.

Desde luego que la tarea parece titánica, por no decir imposible, en virtud de los evidentes compromisos entre el consorcio televisivo y la administración del presidente Peña Nieto, a quien por cierto la vox populi  consideró, en su momento, el candidato de Televisa. De ahí que el “relanzamiento” —así lo describe— de Noticieros Televisa —confirmado este martes mediante un comunicado— haya levantado una serie de suspicacias, ya que se antoja una medida superficial e insuficiente para solucionar tan serios problemas que aquejan a la firma de Azcárraga.

Y es que el origen de la incredibilidad no radica en quitar, poner o rotar a determinados comunicadores en sus espacios considerados estelares. No. Estos finalmente son empleados a quienes la compañía paga por desarrollar una labor que ella les indica y cómo hacerlo, es decir, la línea editorial la impone Televisa, no sus subordinados, por más que sean figuras mediáticas. Ahí, los izquierdosos se transforman y los conservadores se reafirman, pues no están dispuestos a perder los beneficios de la fama, dinero y todo lo que de ahí se deriva.

Por lo tanto, el meollo del asunto no radica en la “catafixia” de puestos, horarios o nombres. Si Televisa cree que con ello va a recobrar el “prestigio” y la enorme audiencia perdida, simplemente peca de ingenua y las consecuencias financieras no tardarán en llegar.

Saber si Azcárraga Jean asume la decisión trascendental para dejar de ser, en los hechos, ese “soldado del PRI y del  presidente” es la pregunta medular. La cercanía del mandamás del Grupo Televisa con el poder político conlleva necesariamente enormes beneficios; ejemplo de ello es la cuantiosa publicidad oficial que obligadamente recetan a la audiencia y que se disfraza de “entrevistas”, “reportajes” o coberturas de eventos oficiales a todos los niveles.

“En México y el mundo, los tiempos siguen cambiando. Las audiencias han modificado su manera de informarse y exigen productos y formas de recibir y analizar las noticias. Hoy, los ciudadanos de varias generaciones demandan más compromiso, apertura y transparencia de sus medios de comunicación”, precisó el comunicado de Televisa, lo cual, en palabras llanas, puede interpretarse como una clara idea de lo que necesita hacer. Insistimos: ¿Querrán hacerlo y perder con esa apertura lo que siempre ha sido muy rentable: la sumisión al gobierno?

Falta poco para saber si esa “apertura y transparencia” que intentan realizar se concreta en hechos, o es intento fallido por rescatar lo que hace mucho perdió: credibilidad y confianza.

Por lo pronto, lo único rescatable es la presencia de mujeres en espacios estratégicos para Televisa. Suerte para Denise Maerker, Karla Iberia, Paola Rojas y Adela Micha; capacidad de sobra, acotada por la “rentable” línea editorial.

FIN DEL CALVARIO

Concluyeron las odiosas e inútiles campañas electorales 2016. Ya no tendremos que soportar la demagogia electrónica a todas horas. El derroche del dinero público ahí queda, sin aportar un ápice a nuestra incipiente democracia. Los partidos políticos y sus candidatos aún están tratando de quitarse el lodo que se lanzaron… si es que pueden. Hay que pensar muy bien el voto y hacerlo efectivo, siempre en paz.

@BTU15

 

 

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